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Par de cócteles extras...



A veces cuando todo el mundo parece estar divirtiéndose, internamente tu tienes un mini drama emocional, y como es natural nadie lo nota. Porque tu finges estar divirtiéndote, porque tu quieres aparentar, porque de todas las cosas para las cuales necesitas energía tu solo escogiste una: Aparentar.

Ya no tengo la fuerza necesaria para jugar juegos con un sujeto. En mi mundo actual debería ser fácil saber si la gente se gusta y ya. Ya no quiero pensar si llamar a alguien al día siguiente es desesperado o pensara que estoy muy arraigado. Ya no quiero pensar si la cosa es conmigo o es con todos. No quiero saber nada de novios del pasado, de gente con la que esta saliendo, ni de nadie. Quiero seriedad, quiero mirar a alguien a los ojos y realmente verlo. Que sus ojos me digan quien es y si esta con alguien. Que ya no existan cosas por adivinar.

Esto no es algo fortuito, sencillamente ya perdí la energía necesaria para jugar al ser superficial. Ya no sé hacerme el tonto, ni el interesante, ya no quiero jugar a ser divertido a ver si la pego, simplemente soy yo y quiero que tú seas tú, aunque suene mal escrita la frase.
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El tope de granito



Cuando se vive en una sociedad como la nuestra, donde a diferencia de otros lugares la individualidad es algo que se respeta mucho menos, tratar de encajar se convierte en una necesidad para muchos (¿Debería incluirme?), para tener amigos, para ser aceptado en el trabajo, para ser popular en el colegio o en la universidad. Si a eso le añadimos la preferencia nuestra por tener símbolos de estatus, me compro un teléfono de 11mil bolívares pero ando en autobús y me pueden matar, los resultados son desalentadores.

Entonces te puedes volver en un paria y más si eres gay y encima no haces lo que se supone que debemos hacer las personas gays para encajar. Si no vas a discos te ven como un leproso, si no tomas bebidas alcohólicas eres aburrido, si no tienes un iPhone y una cada vez absurda cuenta en Instagram® no estas en nada.

Hay días en los que me levanto y quiero hacer todo eso… Quiero comer 12 veces al día, ir al gimnasio 6 días a la semana, inyectarme y ponerme como una nevera. Quiero llenar mis tarjetas al tope, pero tener un iPhone® , ropa por estrenar en closet y que me importe un comino si no tengo para pagar las mensualidades del carro. A veces quiero saber que se siente tener novia y salir a cenar los sábados con diversas parejas y que luego cuadremos para hacer una parrilla el domingo.

Pero luego que me da ese bajón emocional del párrafo anterior, me veo en el espejo, delgadísimo como siempre he sido, y pienso que si me convierto en una nevera dejaré de ser yo. Pienso en el iPhone® y recuerdo yo no tengo la paciencia necesaria para tomar fotos y que me gusta usar la misma ropa hasta que se pone transparente, recuerdo que yo odio a las parejas hetero y el humo de las parrillas me hace daño…

Nunca aprenderé a pronunciar apropiadamente “webo”, “weon” y no estoy seguro de la connotación de esas “palabras”. Aprendí a punta de experiencia que el “¿No tienes novia?” lleva pegada una pregunta invisible que nunca te dicen “¿No tienes los mismos problemas que yo?”. Es muy raro tener 27 y que no te vean un anillo en el dedo, pero lejos de no estar encajando, la gente muere por identificarte, por saber que se siente vivir a esa edad sin jamás haber pensado en una cocina remodelada y lo que cuesta un tope de granito, porque no te importa, ellos se preguntan qué es poder salir sin pensar quien te va a cuidar el muchacho porque tu suegra no puede, ellos no entienden por qué te gusta ser blanco si todos están bronceados, ellos te tratan de aislar, pero en realidad sienten más curiosidad por ti de la que sienten por sus amigos, porque todos ellos tienen los mismos problemas, porque todos ellos son iguales y decidieron  acabar con su individualidad para ello. Tú no, tu eres blanco porque te da fastidio la arena y piensas que verse anaranjado es algo terrible, digno de un show de T.V., tu no piensas en cocinas porque puedes comer en la calle todo lo que quieras, porque eres delgadísimo y sólo tienes un compromiso económico contigo mismo, a ti no te importa nada de esas cosas y tus aspiraciones van más allá.

Pero después de ese subidón emocional del párrafo anterior vas a una reunión familiar, todos los primos están en parejas, todos hablan del estúpido tope de granito y te ofrecen una cerveza. Entonces la tomas, aunque no te guste, porque a veces también duele eso de “¿No te vas tomar ni una cervecita? No seas aburrido”. Duele que tu familia no te respete. Así que también decides emborracharte para lidiar con la situación, para que las preguntas incomodas sólo sean balbuceos en una reunión donde la música no te gusta. Y nada vuelve a importar de nuevo.

“Así es el ciclo de la vida de los que no decimos encajar”, piensas, y luego viene el subidón emocional otra vez…
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Una noche de fiesta más (un clásico por el aniversario número 4)




Es raro que cuando uno menos planifica las cosas, es cuando mejor salen. Hace ya varias noches llegaron unos amigos de otra ciudad (es mejor no dar muchos detalles). Fue algo un poco improvisado, me avisaron que vendrían prácticamente cuando ya estaban aquí, y luego aunque yo tenía muchas cosas que hacer, decidí atenderlos.

Tengo una relación curiosa con una camisa de blue jeans (la misma que tengo en mi avatar de twitter. Siempre digo que no la usaré mas, que me han tomado 930920 fotos con ella, pero de repente  estoy en el carro, despierto de un trance y la cargo puesta. Pero esa camisa es la de la buena suerte y la de las aventuras.

Ya puestos a punto sobre la ropa, hablaré un poco de los personajes. Digamos que son conocidos/casi amigos. Oficialmente he jugado al estira y encoge con uno, pero el otro es el que me parece guapísimo. Una cosa rarísima.

—Cuéntame como son las cosas por acá —me dice el guapísimo, quien era el copiloto esa noche. Se veía muy bien.

Pasé a darle una pequeña introducción sobre Valencia, a desmitificarles la ciudad, al tiempo que dábamos un pequeño paseo por El Viñedo –que no la calle de los cafés, eso ya no existe señores-. Al parecer les gusto.

—¿Pero que quieren hacer? —Les pregunto— ¿Quieren ir a cenar a algún lado? ¿Quieren ir a algún sitio de ambiente?

Luego de mucho pensarlo, acordamos ir a V.I.P., dado que algunos amigos de ellos dijeron que eran el único lugar que servía. Perfecto. “Al menos verán gente decente”, fue lo que pensé.

Y luego me quería morir cuando al entrar al lugar no había nadie. Fuimos los primeros en llegar.

—No es tu culpa —decía el amigo.
—Ya llegará la gente —decía guapísimo.

Pero yo quería que me tragara la tierra. Comencé a beber destornilladores anticipados para el fin del mundo. A pesar de todo luego comenzamos a hablar bien, la gente comenzó a llegar, y para cuando decidimos bailar, el lugar ya estaba lo suficientemente lleno.

Después, en un momento entre los vasos selva de plástico, la luces demasiado azul, la decoración demasiado plata, comenzamos a beber un poco más de la cuenta… Y cuando mi amigo fue al baño, comencé a bailar en forma extraña con guapísimo. Nos rozábamos y mientras explorábamos que estaba permitido sin que el otro se sobresaltara, pude sentir el olor en su cuello, pude tocar la parte de atrás de su nuca, poner mi mano en su espalda. El hacía lo propio, pero no podía concentrarme en lo que le estaba dejando hacer si no en lo que estaba haciendo yo. La música sonaba un poco lejana.

Reaccioné un poco cuando ya tenía su mano en uno de mis glúteos. Estúpida camisa y su trance.

—¿Cuál es tu rol?
—De acuerdo a como me sienta —me dice—, por ejemplo con algunos puedo ser pasivo, porque me provoca, y a veces con personas como tú… Pues todo lo contrario.

No sabía si sentirme alagado o muy ofendido, pero luego volví a percibir el olor de su cuello, y decidí que era un halago.

—Entiendo.

En eso llego mi otro amigo del baño y disimulamos un poco, aunque ciertamente luego se enteraría.

Las luces azules, plata, mas tragos. Las 3 a.m. El lugar a punto de cerrar.

Guapísimo había logrado besarse con otro sujeto de esos que mueven el trasero como una stripper. Yo no sabía donde meterme para liberarme de unos señores que no se cansaban de decirme que me veía bien.

Las puertas de mi carro emitieron un golpe seco al cerrarse. Estacionado en diagonal veía a mi izquierda la patrulla de policía.

—Creo que llego el momento que todos debemos besar a Sandum —dice mi amigo.

Aunque siempre había estado jugando con el sobre el asunto, se sentía raro que propusiera semejante cosa, pero no había tiempo de pensar mucho.

—Si —dijo guapísimo­— ¿Quién va primero? ¡Yo!

Debo reconocer que había fantaseado con ese momento un poco, y mientras estaba ahí, agradecí a mi hígado por ser resistente y haberme mantenido lo suficientemente sobrio como para recordarlo.

Por unanimidad se decidió que todos iríamos a mi casa. Pero luego casi llegando el carro me falló mientras trataba de llegar a un Farmatodo, y con mucha suerte pudimos llegar a mi hogar. Estaba nervioso. En el carro manos iban y manos venían, pasaban muchas cosas raras y me di besos muy intensos con guapísimo mientras mi amigo orinaba cerca de mi jardín. De pronto me pregunté si sería capaz.

Y no lo fui… A todos “Les revento la pea”, creo que no hay otra forma de decirlo, y para cuando el taxi que los llevaría de nuevo a su casa se fue, pensé que a pesar de todo, había sido una noche genial y diferente.

Al día siguiente mi amigo me envió este mensaje:

“La pasé horrible. Estuve sudando la pea todo el día en la playa”.

Vi la camisa de jean tirado sobre mi puff, y sonreí un poco mientras pensaba que no la volvería a usar.

Hasta la próxima.
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Relaciones de la nada


No lo recuerdo exactamente, pero puedo decir que si hace cinco años alguien me preguntaba que se necesitaba para comenzar una relación, seguramente habría contestado que lo fundamental era que esa persona te gustara instantáneamente, que hubiera esa mentada química, palabra que odio usar en este caso, pero que es la más fácil de entender.

Sin embargo ahora que uno es mas viejo y que esa persona mágica que apareció de la nada vino y se fue con más pena que gloria –las historias están desparramadas por ahí en este mismo blog- me pregunto ¿No es mejor darle una oportunidad a alguien que antes considerarías como descartado a la primera? ¿Qué pasa si encontramos a alguien que es bueno en papeles?

Cuando uno escucha un CD de alguna banda indie –por usar algún termino-, de esas que son intensas y usan “sonido nuevo”, generalmente hay que oír las canciones varias veces, y sólo después de eso tal vez te empiecen a gustar algunas (con el generalmente me refiero a mí)

—Si yo escucho la canción y no me gusta desde la primera vez, ya descarto el CD —me dice un amigo.

Comienzo enseguida a pensar en lo exigente que puede ser cuando se trata de relaciones y amistades, y creo que la metáfora del CD es muy apropiada para este caso. Imagino el caso: Si el álbum tiene un buen review, la portada es bonita, el librito que trae dentro esta bien ilustrado, pero a la primera escucha no gusta ¿Deberíamos darle una nueva oportunidad? ¿Y si lo escucho con unos tragos encima?

Y si suponemos que ya hemos escuchado varias veces el CD, y nos gusta, o nos puede llegar a gustar la persona… ¿Qué viene luego? A veces creo que estoy tan emocionalmente dañado para ciertas cosas que no sé como actuar y a veces me encuentro pensando ¿Sera que debo abrazarlo? ¿Y si él piensa como yo y resulta que no le gustó mi CD? Yo he pasado por tantas cosas y ser soltero en Valencia a veces es tan complicado, que ni yo mismo entiendo, por eso tengo varias decenas de post al respecto. Pero es que se me hace difícil cuando ya metí a alguien en la zona de amigos y luego va a ser que no.

He sido rechazado y me han rechazado, he jugado al gato y al ratón pero siempre interpreto al animal equivocado en el momento preciso y por eso ahora no puedo ver las cosas con claridad. Una vez me dijeron que yo pienso demasiado las cosas… Tal vez eso es lo que esta pasando aquí, y yo mejor me voy a dormir.
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Dinero, decisiones, preguntas, felicidad, caos



Advierto que este será un post desordenado, sin estructura, lleno de caos y preguntas. Fin de la advertencia.

Hace poco más de tres meses renuncie a mi trabajo como auditor externo en una firma de renombre. Fue una decisión muy difícil. Creo que no me equivoco al pensar que dentro de la profesión contable, la auditoría es la rama más respetada de todas, y cuando uno la esta ejerciendo y el resto de contadores de una empresa te escuchan sin chistar es que te das cuenta de que al ser auditor siempre estás un paso por delante de quien sea.

Lo malo de las firmas es que la remuneración no es muy buena (para el trabajo que significa, lo cual no quiere decir que comparativamente con el mercado no este bien). Eso me dejaba pensando en la eterna pregunta ¿Qué es mas importante, tu carrera o el dinero?

Siempre habría dicho sin dudar que tu carrera es lo mas importante, después de todo –me repetía- es lo que te queda y cuando vas a otro lugar puedes demostrar lo que vales. Pero luego un día te invitan a cenar en Palau y te encuentras pensando que tal vez Mc Donalds no era tan mala idea. Después se te ocurre pensar que te mereces una vacaciones, pero lo único que puedes pagar es un fin de semana a Margarita (ojo que no estoy en contra del turismo nacional, pero es para ilustrar un punto).

Otro ejemplo es conocer a personas que dicen ser (y tal vez lo son, pero uso esa frase porque usando su propio baremo ¿Quién soy yo para decidirlo?) artistas. Viven como caballeros errantes del pelabolismo vendiendo periquitos en un bazar y… ¿Esperando qué? Por otra parte puede que sea yo muy materialista, y en ese caso ¿Eso quiere decir que no preocupo por mi carrera?

¿El dinero gira en torno a las carreras o mas bien tu carrera es sobre el dinero?

Tengo un amigo que no puedo nombrar en este post, quien dice no soportar (en parte) a uno de sus conocidos “Es que es muy mediocre en la vida”, me dice. Yo conozco al mediocre, es muy talentoso para muchas cosas y en parte me recuerda un poco a uno de mis hermanos mayores. El mediocre sueña con vivir en libertad, sin la esclavitud que significa someterse a un sueldo, y esperando que tal vez algún día le llegue un golpe de suerte que le permita no volver a preocuparse por el dinero nunca más. Mi hermano sueña con tener una posada en la playa y vender agua de coco el resto de su días (tiene mas 30). Y entonces me sigo preguntando ¿Son mediocres o felices?

Yo ni siquiera puedo saber si soy más feliz en mi trabajo nuevo o el viejo. Hace poco cuando fui a retirar mi liquidación mi ex jefe habló conmigo y me ofreció volver a la firma. Le pedí un ascenso inmediato como única condición para poder regresar y me dijo que si. Al final yo me había ido por ese ascenso ¿O no? Pensaba muchas cosas, y el día que iba a hablar de un cambio de condiciones en mi nuevo trabajo –y tal vez provocar a la gerencia para tener una excusa para renunciar- mi jefa me dice de la nada “Hemos decidido que con base a las actitudes que has demostrado tu aumento de sueldo no será del 20% como habías negociado en tu contrato luego del periodo de prueba, será del 40%”. Me quede mirándola sin reacción, sin poder creérmelo, pero sin reacción. Pasado unos segundos me dice: “Pero ¿Cómo te sientes? ¿Estas feliz?”.

Pensaba en todo ese dinero con el que no contaba y estaba feliz, pero no realmente feliz… “¿Qué pasa conmigo?”, me preguntaba ¿Era que en el fondo me imaginaba una escena tipo estas pidiendo mucho para el tiempo que nos conocemos? Pero eso nunca va a pasar en este trabajo. Tal vez no tenga el caché de la firma pero si el dinero… La pregunta de todo este post, nunca había estado flotando tan grande en mi cabeza.

Mas tarde ese mismo día, salí con una amiga y me soltó esto:

—Yo creo que de verdad tu no quieres volver a la firma. Tu simplemente quieres verle la cara a todos cuando de la nada llegues con un ascenso —cosa que es 102% inusual en la estructura de la organización—, como dar un golpe, tu lo que quieres es darle un golpe a esa gente, pero en ese trabajo tu no eras feliz.

Fue ese último comentario lo que me impulso escribir esto a ver si aclaraba mis ideas, pero por lo que puedo medio leer arriba (y no quiero revisar, así que si tiene errores, ya saben), no lo logré.

Y así lleno de preguntas se acaba la sesión reflexiva de hoy. Hasta la próxima.