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El amor y otras verdades.


Recuerdo que una prima muy querida (y muy chismosa), me pregunto una vez si yo estaba enamorado de mi “novia”. No recuerdo exactamente como me zafe de semejante embrollo, pero luego ella me comento:
—Yo creo que el amor no existe, creo que quizás lo que hay es una pasión inicial que con el tiempo se acaba.

Sus palabras inicialmente me sorprendieron “¿Mi prima la chismosa, tira-la-piedra-esconde-la-mano era capaz de semejante reflexión?”, fue lo que pensé en un principio. No obstante luego estaba más afectado por la declaración en si. Ella tenía mucha mas experiencia que yo en esos linderos, y su afirmación llego a inquietarme. Recuerdo que por aquellas fechas, yo no tenía una novia sino un novio. Estábamos pasando por algún problemilla estructural en nuestra extraña relación, por lo que al cabo de unos días me preguntaba, si era que en verdad el no estaba enamorado de mi (como yo estaba seguro que si estaba de él) y por el contrario su pasión inicial se había agotado.

Al regresar a mi pueblo, y con la absurda idea aún en la cabeza, no fui capaz de preguntarle a Álvaro directamente que era lo que le estaba pasando conmigo. Me ponía incomodo e inclusive llegue a darme cuenta que cuando tenía la oportunidad de interrogarlo, yo mismo me boicoteaba y hablaba de otra cosa. Entonces semanas después desperté de mi autoengaño. No era que yo sentía nervios por la pregunta, sino que en realidad evadía el tema, pues conocía la respuesta de antemano… y no la quería escuchar.

Sin embargo, cuando tuve el valor de interpelarlo, no recibí la terrible contestación que esperaba. Al parecer Álvaro estaba pasando por un proceso que ni él mismo podía entender, por lo que me dio un silencio por toda réplica. Con todo lo anterior, y muchas otras cosas que les contare después, yo decidí terminar la relación, acción realizada antes por Álvaro en forma unilateral y sin previa consulta, pero digo terminar en el sentido que decidí olvidarme de él. Y entonces viene el problema. No me lo podía sacar de la cabeza. Pensaba todo el santo día en él, cuando salía de la universidad me preguntaba si aún estaba en su practica de fútbol y si había comido “¿Le llevo algo?” pensaba. En las mañanas y mientras estaba en la oficina de mi papá divagaba sobre la conveniencia inventar una excusa para ir a verlo. Al mediodía mientras almorzábamos todos (el almorzaba con nosotros en casa), me preguntaba si iba a tomar la siesta en mi cuarto. Por las tardes, estudiar se me hacía mas difícil puesto que mis dos lóbulos se debatían entre el material didáctico y la imaginación de todos los momentos que pasamos juntos. Pero la peor hora era la de la noche, cuando se suponía que después de las 11 yo debería estar abrazado junto él, estaba abrazado a mi almohada, humedeciéndola…

Semanas después trate de superar el asunto con lógica. Me decía: “Si sabes que el ya no quiere nada contigo, y estemos claros, además tiene muchísimos defectos que tú no soportas ¿Por qué sigues pensando en él?” Luego trataba de auto convencerme de otra cosa. Me decía: “Tú no estás enamorado de él, sólo sientes una pasión, ganas de abrazarlo y estar con él, eso se te pasara”… Claro. Pero mi poco experimentada y efectiva lógica no sirvió, así que, era necesario recurrir a la gente grande:
—Estar enamorado no tiene nada que ver con deseo sexual —dijo mi mamá—, si cuando piensas en esa persona lo único que pasa por tu mente es ese tipo de pensamientos, entonces no estás enamorado, sólo estas… ¡empepado! —Mi mama nunca dice malas palabras por lo que jamás pensé que este calificativo era vulgar hasta que se me ocurrió repetirlo frente a mi abuela.
—Yo me enamore de tu mamá desde la primera vez que la vi —contó mi papá—, recuerdo que ella me llevo en su carro y yo no podía dejar de verle las piernas. —confeso y yo entendí por que su relación termino: El no estaba enamorado ¡JA!
—La mejor manera de olvidar a alguien —enuncio una amiga luego que le relatara un gran porción de la historia, omitiendo ciertos detalles y cambiando el genero del otro protagonista— es recordándote a ti mismo todas la perradas que te haya hecho esa persona —nos quedamos unos segundos en silencio y luego ella corrigió su afirmación:— Aunque tu eres el hombre, seguro que fuiste tú el que le hizo las perradas —luego tenía cierta expresión de confusión en su rostro, al parecer su subconsciente había entendido mejor la historia que su lado consiente, y evidentemente empujo un consejo realmente útil.

Finalmente, yo me pregunte: “¿Estoy enamorado de Álvaro?” Por un lado no dejaba de pensar en él ni un solo minuto, pero aplicando la lógica maternal, me di cuenta que gran parte de esos pensamientos eran cosas que no se dicen en los confesionarios. Colocándome en los zapatos de mí papá note además que las veces que lo vi posterior a la ruptura definitiva (todos estos hechos sucedieron después que me humille de las formas más inverosímiles para mí en los actuales momentos), sólo podía imaginarme lo bien que se veía con ese uniforme de futbolista, lo bien que le lucía el cabello hacia atrás y vayan ustedes a saber que otras tontería mas. Entonces concluí que nunca estuve enamorado de él, y aunque seguí evocándolo mucho tiempo más, aplique la técnica de mi querida amiga, y al cabo de un tiempo Álvaro paso a los expedientes de caso cerrado. (Bueno les confieso que también ayudo mucho la apertura de otro expediente pero eso ya es otro cuento).

Desde esa experiencia yo entendí algo: El amor, en cualquiera de sus manifestaciones sólo me habla de dar sin esperar recibir nada a cambio, y la verdad, habían muchas cosas que yo no estaba dispuesto a sacrificar por Álvaro, nunca paso por mi mente esa frase Shakesperiana de “Daría mi vida por ti”… No, no… Comprendí la lógica de mi prima, pero sin embargo algo me inquietaba: “¿Eso será todo? ¿Viviré la vida apasionándome por uno, luego por otro, y así hasta el fin de mis días o hasta que mi escaso atractivo no de para más?”. Aún me hago la misma pregunta, pero hay espinitas que todavía duelen y me hacen dudar de la veracidad de la afirmación de mi prima… Empezando por ella misma, que actualmente esta casada y con un hijo, de alguien que no la representa en ningún sentido, material o físico… La afirmación de mi abuela, diciéndome que amo a mi abuelo hasta el último aliento que el dejo y que aún lo extraña (nunca volvió a casarse). El testimonio de unos viejos cincuentones profesionales y gays quienes afirman quererse desde que estaba en la universidad, entre otros tanto que no mencionaré.

Alguien me escribió diciéndome que el jardín del vecino nunca es tan verde como lo vemos desde afuera. Puede que sea verdad, y digo puede, no por que ponga en duda las palabras de gente sobradamente mas experimentada que yo, sino que simplemente, hasta que yo no tenga mi propio jardín, y de verdad compruebe que desde adentro no se ve tan bonito como desde afuera lo ven otros, no estaré tranquilo, y seguiré intentándolo, seguiré en la búsqueda, seguiré esperando encontrar al hombre gay, creo que el conformismo y el derrotismo aún no han entrado en mi agenda… Sin importar lo que diga mi prima o cualquiera.
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P.S.: Mi papá no sabe aún que soy gay, Álvaro podía dormir conmigo y almorzaba con nosotros sin levantar sospechas, por razones que para los efectos de este post, no vienen al caso...
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¡Hola!






Antes de leer esto debes hacer click click click en el blog de Thiago, Thiago Thiago!!!

Como sé, que ya regresaste, luego deberás hacer click click click en el blog de Gabo Neogabox!

Primero que nada debo agradecer muchísimo a Gabo (blogger que visito every day of the week) quien amablemente me selecciono como uno de los blog más recomendables del momento… Muchas gracias, y un verdadero honor, el cual se ve maximizado, por el simple hecho de hacerme creer que mis letras son universales y no van dirigidas solamente a cierto colectivo… Muchos saludos para ti.

¡Click en Blanco y Negro!

Por otro lado les informo a todos los que pasan por aquí que… ¡Ya encontré al hombre! Fue algo muy inesperado y por demás sorpresivo… Nos va muy bien, yo lo quiero, el me quiere e inclusive ya me mando un regalo, el cual está pegado en la parte izquierda de esta página ¿Qué tal? Lo malo es mi nuevo hombre vive en España y lo más lejos que he ido fuera de Venezuela ha sido a Casuarito (Pueblo Colombiano que queda a 5 minutos navegando en bote con motor desde mi pueblo), lo cual solo ha sido por qué NO piden pasaporte… Sad…

Visiten el Blog de Thiago y lean la fabulosa reseña que hizo sobre este humilde servidor… ¡Cari sos un majo!

¡Mas tarde o mañana un post nuevo!
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De cómo se pueden ver las cosas con dos puntos de vista, II


Los inicios, la confusión y el descubrimiento (segundo punto de vista).
No es tan escandalosa como la anterior, pero por si acaso y para mantener el estilo dejo advertencia otra vez.

Existen hechos que me hacen pensar que desde que nací era medio raro, para hablar en términos despectivos venezolanos. Hasta donde llega mi memoria, y continua la de mi mamá, nunca manifesté un comportamiento 100% heterosexual, esto es, por ejemplo, nunca me gusto practicar ningún tipo de actividad masculina como jugar fútbol (De hecho el único deporte que llegue a practicar fue el volleyball). Yo, siendo el quinto hijo varón de mi mama, estaba sentenciado a ser observado por ella con ojo crítico.

Desde primer grado me llevaba maravillosamente con las niñas, uno que otro niño era mi amigo. Recuerdo además, que cuando estaba en tercero, tenía dos mejores amigos, uno se llamaba Juan Fernando (nombre real) y el otro se llamaba… No lo recuerdo, pero lo diremos Josué. Lo poco que recuerdo de Juan Fernando se resume a dos cosas: Se convertiría en un niño extremadamente lindo y exquisito. Tenía el cabello castaño claro, ojos verdes inolvidables (de moco, diría mi hermanito menor), piel de porcelana y rasgos inequívocamente delicados. Mi otro amigo por el contrario poseía rasgos toscos, cabello negro azabache, y según recuerdo caminaba desgarbado y sin vida. Entre los tres formábamos un tipo de amistad que luego viviría nuevamente, de forma mas madura en 8vo grado. Para entendernos mejor, era como el grupo de Regina en Mean Girls, solo que nuestra popularidad no sobrepasaba el salón (pues lo niños de primaria son equis en los colegios), había alguien que mandaba, dos que seguían, y el que daba las ordenes era yo… Claro que Juan Fernando tenía su desquite con Josué, cuya único propósito en la vida parecía ser hacer las cosas que cualquier persona le mandaba sin chistar. Todo lo que recuerdo de Juan Fernando y de Josué, me hace llegar a una temeraria (si se quiere) conclusión: Ambos eran irremediablemente gays al igual que yo… Por eso éramos amigos. Nosotros no encuadrábamos en esos grupos de niños fanáticos de las pelotas… Nosotros no andábamos maquinando planes para molestar a las niñas (que como todos sabemos los niños lo hacen para llamar la atención cuando una de ellas les gusta), no nos gustaba eso de ensuciarnos mucho el uniforme… no, no. Lo que si nos daba nota era andar con las chicas, chismosear acerca del resto de los niños del salón, inventar enfermedades extrañas para salvarnos de la clase de educación física (sin éxito, a los niños de esa edad nadie les cree) y sobretodo ver a las niñas jugando un juego cuyo nombre desconozco, pero que se hace con una bandita elástica entre las piernas.

Uno de los momentos mas vergonzosos de mi recién comenzada vida, se dio cuando Juan Fernando me comento, no se que cosa acerca de Josué… Recuerdo que me moleste mucho y lo llame para conversar en la parte trasera del salón, que daba justo a la zona donde los niños deben esperar a sus padres al término del día de clases. Según lo veo, le dije de todo, mientras el pobre Josué se limitaba a musitar y bajar la cabeza, pero entonces me percate que algo sucedía, me volví y resulto que mientras yo hacía las veces de papa regañón, los chicos grandes del colegio me observaban en silencio, para luego una vez que me di cuenta de su presencia, reírse estrepitosamente.

Así éramos nosotros tres, Juan Fernando al parecer le divertía formar parte de un grupo, pues sus formas delicadas no eran del agrado de todos los del salón. Josué era un pusilánime que se dedicaba a recibir ordenes, y yo era el Rey el que mandaba ¿Alguien dijo activo, pasivo y versátil?

El tiempo pasó, fui trasladado de colegio, vivimos con mi tía y luego en casa propia nuevamente… Pasaron años y algunas cosas, pero luego vino un cambio: 7mo grado. Por aquellos días yo no me atrevía a decirme a mi mismo que era gay. Antes de empezar el liceo, estaba terriblemente preocupado, pues la parte activa de mi personalidad le había dado paso a una peor: La parte débil de carácter que se deja vilipendiar por cualquiera. Desconocía el liceo y sus personas, por lo que no estaba seguro si podría (como siempre desde 4to grado) conseguir a alguien que hiciera las veces de mi guardaespaldas… Pero lo encontré: Sería inscrito en el mismo colegio donde mi hermano mayor estaba. Me alegre un poco, aunque aún conservaba malos recuerdos de estudiar con él, como el día que dijo:
—Mamá en colegio Sandum esta jugando de nuevo con la niñas.
O cuando le contó:
—Mamá en el colegio Sandum anda diciendo que le duele la barriga para no hacer deporte.
O peor:
—Mamá Sandum gasta el dinero de la merienda en chucherías.
Sin embargo estudiar con mi hermano en el mismo colegio significaba que nadie sería capaz de tocarme un cabello. Ya no me gustaba jugar con las niñas, ni nada de eso, había aprendido por ensayo y error que algunas cosas debían ser disimuladas. Aunque no entendía bien por que.

Unos días antes de empezar el liceo, estando en casa de una tía, recuerdo que alguna de ellas comento:
— ¡Ay Dios! estos muchachitos ya van a empezar el Liceo —refiriéndose a mi y una prima contemporánea conmigo—, Sandum seguro empezara a tener gusto por las mujeres y tendrá noviecitas y todo eso…

Esas líneas se quedaron grabadas en mi mente… En mi inocencia pensaba: “Así que va a haber un día en el que empezare a tener gusto por las mujeres, o sea, que lo que me pasa es una fase”… Y así me quede mucho tiempo, esperando ese maravilloso amanecer en que dejaría de pensar que el agresivo Jean Pierre (se llamaba así) que estudiaba en el liceo seguramente llamaba la atención de las niñas, o que el mejor amigo de mi hermano indudablemente tenía una novia en cada esquina, o que el Xavier que estudiaba conmigo era demasiado tierno… Por que así me engañaba, no me atrevía a decirme “Jean Pierre es sexy”, no, me decía “Jean Pierre debe gustarle a muchas niñas”… Mientras esperaba ese glorioso despertar hetero empecé a cuajar en el bachillerato a mi manera. Todo el colegio me conocía pues mi consanguíneo, era, con muchos puntos de diferencia, el más popular del colegio… Todos los alumnos tenían que ver con él, y entonces por descontado, todo el mundo tenía que ver conmigo… Aunque sea para preguntarme por él.

Un día mi mama se quejo. Recibió una notificación del colegio en el cual explicaba que la matricula aumentaría, pero en compensación todos pasaríamos a recibir educación física en club exclusivo cercano al colegio, donde además de la clase regular de deporte, haríamos algunas actividades recreativas y practicaríamos natación. La noticia no me alegro en absoluto, sobre todo por no tener ni la más remota idea acerca del despliegue de esas “actividades recreativas” (sospechaba que seguro emplearían balones y juegos rudos) y me aterraba el hecho de ser visto en traje de baño (el cual sería de uso obligatorio) por la gente del colegio… El día llego… Yo quien ya llevaba mi traje de baño encima, solo me quite el uniforme de la escuela, lo mas alejado posible de los chicos y cuando volví la mirada hacia arriba… Trague en seco… A unos metros de mi, estaban, completamente desnudos, la mayoría de los chicos a los que yo calificaba como “del gusto para muchas niñas”… Especialmente Jean Pierre cuyo sexo al aire, quitaba el hipo, y me hizo sentir avergonzado (en esa época tenía 11 años y apenas había empezado a desarrollarme). Ni que decir del hecho de que algunos empezaron a compararse con otros… Aún no me canso de gracias a Dios por no sufrir de la tensión o del corazón.

Ya en la casa me sentía demasiado confundido… Estaba claro en que ese día maravilloso en el cual despertaría y empezaría a pensar en mujeres nunca llegaría. Llore mientras tomaba una ducha, así como las protagonistas de las novelas cuando son violadas, y luego frente al espejo me dije: “Me gustan los hombres”. Ese ejercicio me ayudo a quitarme un peso de encima, pero haberlo admitido, no significaba ni por asomo, que me aceptaba de esa manera, para eso todavía faltaba mucho…
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Así que lectores, ahí les deje dos puntos de vista, sobre un tema… ¿El gay nace o se hace?
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De cómo se pueden ver las cosas con dos puntos de vista, I




Mi vida se encuentra al borde de un cambio, yo lo sé hace algún tiempo, algunos lectores lindos, lo han notado también, preocupándose —dentro de lo cabe—, sobre la posibilidad que una vez que se de el mismo, pues no seguiré escribiendo de la misma forma. Otros me han dicho que deje de creer en pajaritos preñados, sugiriendo incluso que me prepare para una vida de trauma y sufrimiento (un respiro por favor). Puede que tengan razón (aunque lo dudo seriamente), pero las cosas no se repiten de la misma manera nunca, por lo que irremediablemente todo lo que me rodea y lo que tiene que ver conmigo estará sometido a transformación, la cual no necesariamente tiene que ser para peor (Traducción: En lo que respecta al blog este seguirá hasta que suceda algo irremediable: Que me aburra de él… De resto más nada hará cambiar la dinámica del mismo).

Absorto en ese tema de los cambios, recientemente me he encontrado divagando sobre si ciertas situaciones que me toco vivir me convirtieron en gay. Al margen de lo que puedan decir algunos activistas del colectivo GLTB, lo cierto es que yo estoy sospechando, que aunque nací con una tendencia particular, hubo ciertos hechos que al final impulsaron a convertirme en lo que soy ahora. Verbigracia:

Experiencias perturbadoras, resultados inciertos (primer punto de vista).
Historia con algunos detalles, que para algunos pueden resultar escandalosos, advertidos están.

Recuerdo que cuando tenía unos 7-8 años, mi mamá estaba atravesando por ciertas dificultades económicas. Yo por supuesto en ese entonces no sabía nada de esto. Mi vida transcurría entre el colegio y pasar la tarde jugando. Ni siquiera le pregunte cuando súbitamente fui cambiado de un instituto privado a uno público o cuando nos mudamos de nuestra casa, a la casa de una tía. De verdad que ser niño es lo mas lindo que puede haber, tu vida es cero problema. El asunto se complico cuando comenzamos a vivir donde mi tía. Yo, siendo un chico ultra consentido, no me acostumbraba a la presencia de otro ser a mi alrededor que no fuera mi hermano pequeño. Ese sujeto creepy para mi, era nada más y nada menos que mi primo, unos cinco años mayor que yo. Para él, mi llegada fue equiparable al arribo de un lacayo-bufón. Aprovechaba las ausencias de mi mamá y mi tía para molestarme, mandarme a hacer las cosas que le correspondían a él, en fin, una tortura. Actualmente, a mis 23 años soy un poco débil de carácter, por lo que imagínense como era a los 7. Él me tenía a sus pies, y yo como si nada. Mucho tiempo paso, hasta que un día y en medio de una tarde en la que mi primo no me molesto, sino que solo jugábamos, se le ocurrió hacer una especie de juego, que consistía en lo siguiente: Yo me acostaría en la cama con una almohada encima, el se acostaría sobre esa almohada, y bueno… como decirlo… nos moveríamos. Mentiría si dijera que conozco todos los detalles del inicio de ese juego, pero siempre recuerdo que el me indicaba:
—Debes imaginarte que la almohada es una mujer.
En las primeras de cambio, yo no pensaba nada cuando teníamos esas relaciones. Repito, tenia unos 7-8 años (quizás siete, pues estaba en tercero y a los 5 empecé primer grado) y creo que ni siquiera me movía, mientras sentía a mi primo respirando de una manera extraña. Varias veces sentí su pene friccionándose con partes de mi cuerpo.

No paso mucho tiempo para que el juego pasara de ser algo esporádico, a convertirse en una practica frecuente entre los dos. Yo, contrario a lo que puedan pensar, y aunque fisiológicamente ya disfrutaba esa masturbación conjunta, nunca le pedí que “jugáramos”, ni pensaba ansioso cuando sería la próxima vez que lo haríamos. Solo me limitaba a cumplir los caprichos de mi primito. El día que más recuerdo fue aquel en el que, estando mi tía en la casa, mi primo parecía especialmente desesperado por jugar conmigo… Mientras ella estaba ocupada en la parte trasera de la vivienda, haciendo no se que cosas, mi primo literalmente me obligo a entrar a su cuarto… Astuto, como no son los niños a esa edad, prendió el televisor con una cantidad considerable de volumen, apago la luz, se dedico a desordenar algunas sabanas y me hizo señas para que me trepara en la cama. Posterior a eso me dijo:
—Si viene mi mama o María te haces el dormido… —María es mi nana.
En esa jornada utilizo mas fuerza de la habitual, y sentí su pene (literalmente) contra el mío. El hecho de verlo tomar tantas precauciones para evitar que los adultos sospecharan lo que sucedía, me hizo descubrir que algo estaba pasando, y además no era normal. Claro no lo analice como lo hago ahora, pero puedo decir, que no quería que esos encuentros se repitieran más, no los necesitaba, además colegí otra cosa: Hacer eso era algo malo, algo que no debía ser visto por nuestros padres, por lo que mi rechazo hacia esas reciprocidades fue incrementándose. No obstante, nunca, según recuerdo, me negué a ningún pedido de él, por que el fondo, y aunque odiaba hacer travesuras y cosas que a mi mamá “no le gustarían”, yo disfrutaba esas “relaciones”… No entendía de nombres, de definiciones, no sabía lo que era sexo, no conocía la masturbación, pero disfrutaba mucho eso.

Con el pasar de los meses (y sin perder la rutina) Fabu se torno mas molesto conmigo, me fastidiaba sobremanera, por lo que varias veces hable con mi mamá para ponerle un remedio a sus constantes abusos (aunque no le conté del asunto sexual). Esto parecía molestar aún mas a Fabu, quien ante tanta vigilancia no podía molestarme (ni hacer lo que quería conmigo). La situación se torno peor para él, cuando uno de mis hermanos se vino a vivir con mi mamá. J.C., quien siguiendo los pasos de ella, me consentía en demasía y me sobreprotegía en exceso, tenía las “virtudes” de saber pelear y tornarse agresivo cuando el caso lo ameritaba. Aunque era un año menor que Fabu, sobrepasaba a este en fuerza y tamaño, por lo que su llegada, puso punto final a los abusos y sesiones masturbatorias conjuntas. Varias veces los vi pelearse por mi causa, y varias veces mi mama (y en ausencia de mi tía) se hizo de la vista gorda en esas peleas, pues en el fondo ya estaba al tanto que Fabu era un troglodita que debía tener su merecido…

Algunos años pasaron y ya viviendo de nuevo en casa propia, creo que recordar eso era un verdadero golpe para mí. El conocer a través de libros de sexualidad (facilitados por mi bella mamá, quien ante el tabú que significaba para ella hablarme de sexo me compraba libros didácticos sobre el tema) las definiciones exactas de lo que mi primo hacía conmigo, activo en mi muchas preguntas y me genero un trauma con todas su letras. Muchas veces estuve tentado de contarle a varias personas de mi confianza, como mi mamá, mi prima (gracias a Dios que no lo hice) o mi hermano (quien seguro lo habría molido a golpes), pero la vergüenza, el miedo y otros sentimientos extraños me invadían. Peor era cuando lo veía a él. Varias veces tuve ganas de preguntarle por que hacíamos esas cosas (aunque ciertamente ya sabía por que él las hacia, y por que yo las disfrutaba, aún sin estar claro cual era mi preferencia sexual), pero no me atrevía. Su actitud era la más típica, parecía haber borrado de su memoria esos encuentros, como si hubiese arrancado la pagina del libro que contenía esos extractos…

Hoy en día, puedo decir que he superado eso, que estoy claro en lo que soy como persona y todo eso, sin embargo, algunas veces me asalta una duda ¿Qué hubiese pasado si mi primo hubiese sido prima? No podemos cambiar el pasado, así que guardare mi interrogante, para en el debido momento preguntárselo a Dios…
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El privilegio ¿Quiénes son los culpables?


Cuando veo parejas de personas hetero juntas siento mucha ternura, y también, por que no decirlo, algo de envidia. Ternura, pues el amor y el estar así es algo simplemente maravilloso. Envidia, no por que no tenga novio, ni por que no tengo ningún perro ladrándome en una esquina, ni por que cuando camino el polvo se queda quieté sito, tampoco por que no tenga con quien salir de noche a parte de un montón de heteros pregunta-por-novias-mujeres-conocidas-atrapes-rebusques, mucho menos por las sabanas de mi cama, que permanecen tan limpias por sólo dormir en ellas que ya hasta me asustan, no, no, no, nada de eso; siento envidia pues nunca he visto a dos gay besándose o haciendo arrumacos en lugares públicos (no digo que no suceda, solo que no he visto), y es cuando me afirmo que es verdad todo eso que he leído del privilegio heterosexual.

No obstante, no voy a destripar aquí las causas que se pueden leer en muchas Webs sobre el tema. Todos los asuntos de la discriminación y la sociedad son de sobra conocidos por todos y no quiero redundar en el tópico, lo que yo pienso decir aquí, es que aparte de eso, existe algo más, un componente extra, una sombra que ha permitido que esa situación se mantenga así por los siglos de los siglos.

La cobardía.

Creo que los gays somos cobardes por naturaleza, no quiero ser peyorativo, pero todos hemos pasado por el temor de abrir la puerta de nuestro closet alguna vez, creo que incluso los mas desinhibidos (mal apodados locas) habrán pasado por eso. Pero entonces llega el momento ¡Tan tan! Salimos del closet, tenemos un momento de valentía, algunos con su confesión la pasan peor que otros, pero al final, para bien o para mal, la vida mejora y se consiguen momentos felices… Pese a eso, seguimos siendo cobardes; aunque somos la loca reloca de nuestro trabajo, somos el gay fashion de la calle, el raro de la familia (siempre hay uno ¿No?) y algunos nos admiran, nos aman o nos odian por atrevernos a tanto, por transgredir los paradigmas y tabúes de la sociedad, en el fondo, aún tenemos miedo. No nos tomamos de la mano si vamos con nuestro novio (a) del mismo sexo al parque, no nos besamos antes de cenar en el restaurante de lujo donde celebramos el 14 de Febrero, tampoco nos abrazamos mientras estamos de compras en el centro comercial, usamos artimañas para compartir la misma habitación de hotel… Eso señores, es miedo, es cobardía, aún como gays asumidos seguimos siendo temerosos, nos da miedo el vigilante del mall que seguro nos exhortará a separarnos si nos ve muy juntos, miedo del escándalo que se convertiría el restaurante si la gente chic que acude a él nos viera besándonos, miedo de llamar la atención de la gente que trota y los niños que juegan en el parque si nos ven tomados de la mano, miedo de reclamar nuestro derecho a un servicio de hospedaje como un ser humano cualquiera… Todavía seguimos en el closet. Nos agrupamos en una red de establecimientos “diferentes”, “gay friendly” “de ambiente” y otros apelativos mas, con el fin de destapar nuestras pequeñas ansias de exhibicionismo, de mostrar nuestro afecto sin temor a sentirnos observados o juzgados. Se crea entonces una zona de confort, un pueblito, “gayborhood”, “la zona rosa” entre otros nombres. Pero la felicidad de eso es huidiza, para algunos trasladarse a un lugar para mostrarse como son resulta cansado y a la larga se alejan de “gayborhood” en busca de algo mas normal, se permiten unas concesiones con su pareja en público, pero nunca, nunca llegaran al nivel de las parejas hetero, algunas capaces de dar espectáculos porno en plena vía pública ante la mirada indiferente de los otros (eso si lo he visto, y tampoco quiero llegar a tanto).

Es por eso que propongo dejar de hablar que los heteros tienen un privilegio. En definitiva todos los seres humanos tenemos una prerrogativa, la de ser libres, la de usar los espacios públicos y del planeta como se nos de la gana, en conclusión, no es que los hetero tengan exenciones, sino que nosotros no hemos sabido usar las nuestras y se las hemos cedido.

Como me dijo el amigo de Altamira, en mi último viaje:
—A la gente ¡Hay que educarla! —Luego de admitir que el si se besaba con su novio en cualquier lugar, con todo el desparpajo del mundo.
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Para tí que estás de cumpleaños, no es la historia que te dije, pero al menos me acordé del día.
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Acerca de mi Romeo…


No, no se vayan con la finta, de lo que quiero escribir hoy es acerca de la página de Internet, no sobre mi encuentro con un amor suicida… Nada que ver.

Muchos sabrán que uno de los consejos más populares que he recibido por este medio es que abra un bendito perfil en las páginas de concertar encuentros. Bien, me había resistido por mucho tiempo, dado que no soy muy fanático de andar exhibiéndose como mercancía. Me imaginaba que estar en una de esas páginas, y pese a que en la fotos trataras de parecer lo mas chévere posible, era como transmitir una imagen de sujeto desesperado por compañía. Para entender mejor lo que pasaba (verbo pasado) por mi cabeza antes de crear el perfil, digamos que me imaginaba a mí en una foto con una franela blanca timbrada con el siguiente mensaje “Do I look Desperate?”, la imagen me parecía graciosa y a la vez patética. Otra de las cosas que me impedía hacerlo es que no contaba con una buena cámara, que tuviera suficientes efectos especiales como para hacerme ver bien (mi nueva cámara tiene unas estrellitas de lo más fino, si hay alguien feo en la foto (como yo), le colocas estrellitas en la cara y listo, asunto arreglado), y esto se debe a que hace mucho tiempo visite gaydar y descubrí lo patético que se ven esos perfiles con fotos de celular… No, no. Reconozco que una vez abrí uno con fotos de celular, y luego que recibí un mensaje de un sujeto burlándose de mi foto decidí sacar el perfil del aire… Posterior a esa experiencia fue que note que los perfiles con fotos de celular son cutres, y en general no muestran como es la persona realmente.

Entonces por cosas del azar y ya con cámara en mano decidí crear el perfil en Gay Romeo. No volví a Gaydar pues la página me parece mala, lenta y lo único bueno que tiene es las fotos que aparecen al principio cuando te vas a conectar. No soy fanático de andar revolviendo mi closet en busca de combinaciones y midiéndome varias cosas, no, que calor, yo conozco cada una de las prendas que poseo y las combino en mi mente antes de plancharlas y usarlas. Dure varios días haciendo “pose”… Y finalmente escogí 3 de ellas, que en esencia tienen mis 3 look favoritos: Prep Boy, Surfer Boy y algo mas glam (no tanto como hubiese querido). Además me asegure tomar las fotos en la máxima resolución que permite la cámara (aunque después tuve que comprimirlas, sino me iba a llegar la madrugada para subir una sola foto).

Me metí en Google para encontrar la página, subí las fotos y cuando me disponía a buscar a alguien con quien contactar ¡Suena un ruido extraño! Resulta que a menos de 5 minutos de estar conectado y con mi perfil activo recibo un mensaje, decía: “You look pretty cool in that pic”. Le respondí al sujeto dándole mi MSN y por fin mate uno de mis anhelos ¡Chat in english pal! Era un sujeto de un país de Europa que ya no recuerdo, de 37 años, no guapo, pero si muy interesante… Luego, ese mismo día recibo ¡Otro mensaje! (In english too, thanks!) Dios creo que ya adoro esta página, quizás algún día pueda lograr mi sueño de irme a otro país como mantenido… No, solo bromeo, aunque si estas leyendo esto y me quieres mantener, y a parte de eso vives en el primer mundo contáctame al… En fin, pero lo mejor vino después…

De nuevo un médico.

Yo creo que mi look delgadito parecer tener un mensaje subliminal para los médicos, es como si (de nuevo imagínense la franela blanca) portara el mensaje de: “I need urgent medical atention and some food”. No. Admito que como menos comida sana de la que debería, más comida chatarra de la que soporta el ser humano promedio, y si fuera mujer tendría las piernas más celulíticas de la vida gracias al montón de refresco azucarado que bebo todos los días. No obstante no estoy tan mal, sólo 3 kg. por debajo de mi peso ideal, y mi nutricionista (a la cual no he vuelto), me dijo que no tenía ningún deposito de grasa en mi cuerpo, lo cual probablemente se debía a que mi metabolismo “quema todo” (gracias). Pero me he desviado un poco, a lo que quiero llegar es ¿Por qué me persiguen los médicos? En fin, que le envié un mensajito a un sujeto que tenía cuatro fotos haciendo una especie de “dansinropa”, muy divertido, aunque sólo mostraba un pecho con muchos días de gimnasio a deber. Estaba conectado, así que cambiamos MSN y lo agregue… En su MSN tenía otra foto solo de cara, y cuando empezamos a chatear me vino a la mente la canción de Joss Stone (fanáticos de la música ya se la versión original es la de The White Stripes, pero yo prefiero el cambio que le dio Joss y no pienso disculparme por ello) “Fell in love with a boy”, que tipo más lindo en la vida. Su torso poco trabajado ya no me importaba, me comento que es médico y estudia en la UC. Le pregunte como es que aún no se había emparentado con nadie, siendo que los médicos terminan casándose antes de hacer la rural, y me dijo que se había jurado no tener relaciones con sus compañeros. Luego le pregunte (si, estaba de periodista) como era que entonces no tenía novio, y le extraño la repetición pregunta. Yo le explique que me parecía extraño pues en el convergen tres factores atenuantes de la soltería: Estudiante de Medicina, no es feo, vive en Valencia (una de las ciudades con mas gays en el país, con el permiso de la capital). Entonces me explico que la mayoría de personas que conocía tenían un cerebro pequeñito. (Canten conmigo: “Fell in love with boy, I fell in love and almost completely…)… Al final logre conseguir su número… Ya les contare cuando lo conozca.

Y la gente mayor al ataque.

Siempre me ha parecido bizarro cuando personas con grandes diferencias de edades, superiores a 15 años se unen. No por que critique o me parezca reprobable este hecho en si, ni tampoco por que no me parezca la circunstancia que alguien se una a otra persona por interés (en las relaciones siempre hay un interés, sea afectivo, sexual o monetario por dar ejemplos), sino que, ¿Que pasa en la parte sexual? No se si estoy pecando debido a mi inexperiencia, pero, al estar con personas así sólo puedo imaginarme la escena patética de: “este hombre podría ser mi papá”. Así que, aunque me gustan mayores que yo, tengo un limite; de 40 años hacia abajo, no más, en consecuencia, solo hombres 17 años mayores que yo (y créanme que al escribir esto me ha parecido brutal la diferencia, por lo que creo bajare la escala a 35).

Entrando de nuevo en Gay Romeo, tenía otro mensaje: “Hola me ha parecido lindo tu perfil y me gustaría conocerte, tengo 51 años, espero que no tengas problemas con eso”. Después de leerlo pensé “Say what?!” 51 esta fuera de toda mi escala, sin embargo no pude evitar pensar que podría tratarse de un hombre como el director ejecutivo de la empresa donde trabajo (Un viejo sin barriga, bronceado, alto, ojos verdes, con una sonrisa pepsodent y tan simpático que hasta cuando te amonesta lo amas). Le respondí: “No tengo prejuicios a la hora de hablar con alguien, así que si quieres me escribes a mi MSN”. Le debió gustar mi respuesta a los segundos me agrego a su MSN… Por supuesto, y como habrá de imaginar el lector, no era como el Director Ejecutivo de mi empleadora, era un viejito medio gordito, que si bien estaba en una foto pose convincente, de medio lado y mirando hacia al frente, se veía mas viejo que mi papá (que sólo por aclarar tiene 54). Conversamos un rato, fue una platica muy agradable, trate de insinuarle que de unirme con alguien de su edad solo sería por interés (me estoy volviendo una mardita, lo sé Rafa), pero como que no me explique muy bien (detesto mis sutilezas initelegibles). Ya hemos chateado varias noches…
Ambos prospectos viven en Valencia, y mis vacaciones y mudanza definitiva a esa ciudad probablemente sea el mes que viene… ¿Finalmente encontraré al hombre gay? (Canten conmigo: “Sometimes this feelings can be so Misleading”)
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¡Semana Wow! (Post variadísimo.)




Resulta ser que al día siguiente de publicada mi entrada anterior y ya con las pilas puestas para el trabajo de campo, mi jefe me pregunto en la mañana:
—Tú estarías dispuesto a viajar a Caracas para la citación del Seniat…
—Ehhh…
—Es eso, o te quedas aquí preparando el archivo de las retenciones y todo lo demás…
—No hay problema, yo viajo —fue lo que dije.

De manera que no pude adelantar mucho el trabajo de campo, no obstante logre algunos avances y llegue a mis primeras conclusiones. El viernes me fui con actitud inocente a casa de mi ex. Usando una excusa ridícula que involucraba a mi papá le pedí prestado su celular y de allí extraje el teléfono del Rey… Mision Acomplished. Como sabía que no tendría el tiempo suficiente, decidí dejar la llamada para este fin de semana ya les contare… No obstante no iba a desperdiciar el tiempo. Decidí ir al la universidad a ver si de casualidad me tropezaba con el gato, o con un gordito gay friendly el cual asumo es gay. Ahora si: Imaginen la escena ridícula de mi persona, sentada en el cafetín de la universidad, hablando con repitientes que no cesaban de preguntarme “¿Que haces aquí?”. Finalmente no vi al gato, sino al gordito, y me acerque a pedir algo de tomar mientras el estaba recostado en la barra del cafetín. Le pregunte la hora (por supuesto me asegure de no llevar reloj puesto). Me la dio como si nada. Me pregunto por una amiga que tenemos en común, y luego yo me quede con mi gran cara de bolsa, sin saber que hacer, me debatía si preguntarle que iba a hacer en la noche, o que se yo… Hubo unos segundos de silencio incomodo y luego él se retiro… Después de episodios similares en el muelle, ese día, y al día siguiente también, he aprendido una lección, poco útil para los veteranos que leen mi blog, pero quizás pueda servirle a los novatos como yo.

“Los grupos de ambientes son extremadamente cerrados, y no aceptan outsiders así de la nada”

Pero bueno aún tengo el teléfono en mi agenda de contactos.

Santiago de León Caracas.

Tenía años que no iba a Caracas por mis propios medios, es decir, a pie, por lo que desconocía lo caótico que se ha vuelto el transporte publico en esa ciudad, donde ahora, es imposible conseguir el Metro vacío a ninguna hora, hay colas para trasladarse a cualquier destino en cualquier autobús (los cuales son repulsivos, cabe destacar) y los taxis quieren cobrar ojos, dientes y prendas valiosas por carreras cortas… Uff… Algo deprimente la verdad. No obstante ningún viaje mío estaría completo sin las citas. Y para esta ocasión tenía 2. Pise suelo Caraqueño el martes en la mañana, y luego de dejar el equipaje en el hotel (el cual quedaba en ¿Chacaito? La verdad no se, pero estaba relativamente cerca de esa estación. Fui a visitar a mi abuelita, y dormí y almorcé allá. Luego regrese al hotel a cambiarme para ir al Sambil y luego a mi cita (Quería comprarme unos zapatos) y ¡Pum! ¡Sorpresa! Se fue la luz en todo el país, asi que me quede afuera del centro comercial, aún desconociendo que se trataba de un problema grave. Mi papa y mi mamá me llamaron, me informaron de la gravedad del asunto y casi les da un infarto cuando les dije que estaba en el Sambil. Me instaron a que regresara inmediatamente al hotel antes que obscureciera. Señores asi que me fui a pie desde Chacao a Chacaito… Y vaya que la cantidad de gente en la calle no era normal. Y bueno vi cosas tan bizarras como mujeres sentadas en las afueras de los edificios con sus carteras Chanel, gente comentando que era el fin del mundo, y quien sabe que barbaridades mas, también le hice ojitos a un chico mega lindo, que se quedo viéndome luego que pase a su lado (la verdad no creo que me estuviese viendo el trasero, pues en ese apartado, estoy…) Pensé en regresarme, pero luego seguí… Al llegar al boulevard me quede impresionado con la cantidad de gente que estaba caminado, parecía una especie de concierto o verbena, que horror, me quede un rato por ahí, hasta que decidí entrar al hotel y en esos instantes llego la luz. Finalmente mi cita se comunico conmigo como a las 8pm, no supe explicarle donde quedaba mi hotel asi que quedamos en vernos en la estación de Chacaito.
—Nos vemos en los torniquetes.
“Que rayos son los torniquetes”, pensé, pero me dio tanta pena preguntar que dije:
— Esta bien.

Bueno, el chico no era especialmente atractivo, se trataba de un muchacho normal, que pese a que usaba una cresta (las detesto), conversaba con mucha amenidad y además tenia un trato muy cortes. Luego de segundos divagando, me dijo que me llevaría a un lugar que se llama ¿Cool Café? en Altamira. Yo dude unos segundos, pero luego accedí. Al bajarnos en la estación le confesé que nunca había entrado a un sitio de ambiente. Se sorprendió mucho, me atrevería a decir que al principio no me creyó; luego se mostro emocionado por ser el quien me llevaría, y además porque ese fue el sitio de ambiente que el visito por primera vez. Me explico que en la plaza Altamira se reúnen muchos gays a conversar y que en general la zona es gay friendly. Lo constate, pues al pasar por la plaza vi a dos mujeres tomadas de la mano y conversando, y vi varios grupos de hombres en los banquitos de la plaza, que no se si era por la emoción, pero ese día la veía mas brillante que nunca. Desafortunadamente el sitio estaba cerrado. El vigilante explico que no abrieron por el problema de la luz… Fuck off.

Fuimos a un lugar cercano que se llama Cofee and Art (creo) y el dijo que era de ambiente mixto, pero la verdad en ese sitio solo habían gays. Conversamos fino, por fin pude contar cosas de mi vida, sin necesidad de cambiarle el sexo a los protagonistas, simplemente genial. Mi Mocaccino estaba delicioso, la verdad fue una cita estupenda. Nos corrieron del sitio pues era la hora de cerrar y el me dijo:
—Mañana es el cumpleaños de un amigo, y creo que vamos a Revo a celebrarlo ¿Crees que puedas ir?

Dios, estaba tan fascinado. Por fin saldría a un sitio de ambiente, con gente de ambiente, con un muchacho chévere que me gustaba y aparentemente yo le gustaba también. Le dije que claro, luego me acompaño a mi estación (Que lindo), aunque no me escolto al hotel pues era tarde, y el debía regresar a su casa también. Al salir de la estación había un tremendo problema afuera pues alguien fue asaltado en la puerta. Yo trague en seco como el ratón Jerry en su show, vi hacia todos lados (estaba por la entrada del C.C. Chacaito) y no había la mas remota posibilidad de dirigirme a algún lado a tomar un taxi sin pasar por tramos oscuros o peligrosos, asi que como hacia los lados de Sandro había mas luz, decidí caminar hasta el hotel… Tenía años que no corría tanto, pero llegue a salvo.

Al día siguiente acudí al Seniat, me desempeñe en forma excelente según me dijo mi acompañante de la empresa (que era de Caracas por cierto) y me dedique todo el día a pasear, esperando la llamada del susodicho. Nada. Las seis de la tarde. Nada. Mi prima me llamo y ella tenía un plan con playa al día siguiente y todo. Le explique que me encontraba a la espera de una cita, pero luego como el señor nunca llamo, decidí salirme del hotel y quedarme en casa de mi abuela, así la salida con mi prima sería más cómoda… Como a las 9:30 el chico me llamo, le explique la situación y le dije, que quizás podría caerle en el sitio… Cosa que no hice, pues no me dejaron, y creo que se molesto bastante por ello, pues ahora no me responde los mensajes =S.

El cartelito.

Al mediodía del martes, almorcé con mi prima… Había salido de la Torre Capriles y me dirigí a su casa a buscarla… De allí nos fuimos a un restaurant en las Mercedes que a ella le encanta, y como estaba lleno, pedimos para llevar y nos instalamos en la mesas del C.C. Tolón. No sé en qué momento, decidí que esa era la oportunidad para contarle lo del “asunto gay”… De nuevo trague como el adorable ratón Jerry en su show, pero las palabras no me salían… Pensaba en decirlo de una vez, y no iniciar con preámbulos como “tengo que decirte algo importante”. Cuando estaba a punto de decirlo, fuimos interrumpidos por una amiga de ella. Me pareció simpática hasta que dijo: “¿Puerto Ayacucho? ¿Y allá vive gente?”. No me molesto porque me haya visto con cara de pueblerino recién llegado, tampoco porque levanto la comisura del labio como si tuviese algo putrefacto en la nariz, y menos por que intento parecer graciosa… Me cayó mal fue la ignorancia tremenda de pensar que en la capital de un Estado, no hay habitantes… En fin… Faltando 20 minutos para que mi prima entrara a su trabajo (si, trabaja en el Tolón), y mientras ella fumaba un cigarrillo, le dije:
—Prima soy gay —lo hice sin acento maracucho ¿¡Ok!?
Ella soltó la bocanada de humo, y se le humedecieron un poco los ojos, la verdad nunca olvidare este momento, ni la cara que tenía.
— ¿Y cómo sabes que eres gay?
— ¿Y tu como sabes que te gustan los hombres?
Asintió, en un gesto de comprensión, parecía que había captado la idea.
— ¿Nunca lo sospechaste? —Le pregunte. Estoy obsesionado en saber que tan efectivo es mi straight acting.
—La verdad no, bueno, hoy si, cuando me dijiste algo de unos zapatos —lo hice intencional para preparar el terreno.
— ¿Y mi tío lo sabe?
—No, de la familia, hasta ahora, sólo mi mamá y tú.
Ella tenía los ojos ligeramente enrojecidos y acuosos, pero dijo:
—Te agradezco la confianza que has depositado en mí, créeme que por mí, nadie se va enterar… Y que yo siempre te apoyare pase lo pase… Además ahora podremos hablar de otras cosas, como hombres y todo eso… —finalizo sonriendo.
—Bueno sólo quiero agregar el motivo por el cual hago esto —explique—, no lo hago porque quiero ser una loca de carretera o empezar a usar tacones de ahora en adelante, sólo lo hago, pues se que hay cosas de mi que generan dudas, como el hecho de no tener novia, y a veces uno se cansa de inventar historias… No estoy de acuerdo en andar publicando con quien me acuesto, pues yo soy una persona normal, la única diferencia es que me acuesto con otros hombres… ¡Y no te asustes! No creas que a partir de ahora me vas a ver en vestidos o usando cosas de plumas, la verdad no veras un cambio substancial —si dije substancial, soy un nerdo— en mi…
—Si ya veo, serás el hombre de tu relación.
—No digas eso, es un mito… Nuestras relaciones son diferentes a las de ustedes, eso del hombre y la mujer en nosotros no aplica, al final los dos somos hombres…
Ella asintió con confusión… Seguimos hablando otros minutos y luego se dirigió a su trabajo…

No entiendo porque, pero al finalizar la confesión luego que ella se retiro, me sentí ridículo, como si me hubiesen rebajado, pero supongo que es normal. A la vez me divirtió mucho su reacción, creo que la cara de conmoción en la gente empieza a divertirme.

El cartelito II.

Salimos del edificio para dirigirnos a la disco. Íbamos mi otra prima (hermana de la victima anterior), el cuñado de ella y yo. Luego se nos unió una amiga de ellos. Mi primita y yo nos rezagamos un poco, mientras caminábamos
—Tengo que decirte algo —solté, y ¡ouch! Me arrepentí al instante pues no quería que estuvieran diciéndome:
—Dime, dime ¡Dime que es! —soltó ella previsiblemente.
Pero no era el momento, a ratos se nos acercaban a interrumpirnos y divague, hasta que a ella se lo olvido un poco… O al menos eso creía yo. Cuando estábamos instalados en las butacas del sitio nocturno, ella me dijo:
—La vez pasada que dijiste que vendrías y no viniste, me dijiste por MSN que tenías algo que contarnos ¿Qué era?
Aguda como ella sola, estaba segura que todo tenía relación… Supongo.
—Hay mucha gente y mucho ruido, luego…
—Si eres —e hizo un puchero gracioso.
Tragos, anécdotas, bailes y cocteles… Quedamos solos en las butacas. Desde mi posición veía a través de la puerta de vidrio, a todo el grupo con que andábamos sentados en la parte exterior del lugar… Le tome las manos y le dije:

—Quedamos solos.
Ella sonrió y yo continué:
—Prima soy gay.
Los ojos se le desorbitaron un poco como a su hermana, y rio con fuerza
— ¡Y tú me sueltas eso así sin anestesia!
—No creas que para mí es fácil, es mejor hacerlo de una vez.
—No sé qué decir —dijo ella—, o sea que ahora podremos hablar de hombres y todas esas cosas, podre explicarte bien cuál es mi tipo ¡Que fino!
Me dio mucha risa, y ella continuo:
—Bueno primo, yo te apoyo y mas nada… ¿Quién más lo sabe?
—Mi mama, Nane y tú ahora…
— ¿Cuándo te diste cuenta?
—Como desde los once…
— ¿Y esperaste tanto?
—Yo no estaba esperando nada, estaba pasando por mis etapas normales, decírtelo a ti, no tiene nada que ver con asumir lo que soy… Y yo estoy claro en eso hace añales…
Conversamos algunos minutos más… Desde afuera Nane se percato de la situación y entro a arrellanarse con nosotros... Nos miro con cara de ¿Y ustedes qué?
—Ya todos sabemos el cuento —fue lo que dije y los tres sonreímos…

Sobre la movida nocturna Caraqueña.

Siempre me queje de lo increíblemente lamentable que son los sitios nocturnos aquí en el pueblo (nótese que no dije mi pueblo, sino el pueblo, yo no soy de aquí ¿¡Ok!?) Pero, hay cosas del sitio al que fuimos que me dejaron pensando. Veamos esta comparativa:

En la entrada.
Pueblo
—Señor cuánto vale la entrada.
—Veinte con derecho a tres cervezas —Con una entrada a veinte quedamos asegurados que no va entrar ningún tierrudo, créanme, es así de fácil.
Caracas.
—Señor…
—No puedes pasar.
—Pero… —Y así te escanean para saber si tienes gelatina en el pelo, si tu chaqueta es de cuero (con semi cuero no pasas papa), si tus zapatos son elegantes. Luego voltea hacía cierto cartelito ubicado en una de las paredes que reza: “Nos reservamos el derecho de admisión. Vestimenta semi formal”.
—Puedes pasar.
Ganador: Pueblo.
En la barra.
Pueblo.
—Señor que hay de tomar.
—Sólo cerveza papá.
Caracas.
—Señor ¿Qué hay de tomar? —Pregunta que haces luego de tropezarte con la mitad de la gente que hay en la disco, para poder llegar a la barra.
—Bueno aquí tienes el menú — ¡Wau! ¿Menú? ¿Si estás cosas me sorprenden quiere decir que soy de pueblo?
Ganador: Caracas.
Materializando el acto de beber.
Pueblo
—Señor 5 cervezas.
—Aquí están ¡Vestidas de novia y todo!
Caracas.
—Señor… Señor… Epa… ¡Epa tu!
10 minutos después.
—Señor un Martini Purpura y uno de Patilla.
—No te puedo despachar así, tienes que abrir una cuenta o pagar en caja.
En la caja.
—Señor un Martini Purpura y uno de Patilla.
—Espérate que venga el cajero, yo no trabajo aquí.
Viene una niña linda.
— ¿Me puedes vender un Martini de Patilla?
—Si mi amor…
Ganador: Empate. La cerveza es barata y maluca, necesitas beberte como 5 para sentir algo diferente, mientras que con un Martini que tenga 3 tipos de licores, al ratico ya estas ¡Wohooo! Así que la espera merece la pena…

Les recomiendo el sitio al que fui, se llama Tahití, es en Las Mercedes, el Selector es de lo mejor (Hasta coloco Daft Punk y Madison Avenue, lo amo), y inclusive bajamos en su carro a la playa… ¡Wohoo! (obviamente alguien del grupo lo conocía). Además la fuente de la barra es preciosa y los asientos son súper cómodos…

Y para los curiosos… ¡Fotos del viaje en autobús Pyh-Ccs!

(Pronto)