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El público preciso



No cabe duda que todos tenemos nuestro público, por más feos que nos consideremos, el mío por ejemplo son algunas mujeres muy inteligentes (o con un mal gaydar) y los hombres maduros. Puede que a simple vista mi aspecto sea el de un adolescente mal alimentado de 16 años, pero lo cierto es que según mi partida de nacimiento tengo 24, por lo que pese a que hay algunas cosas que he evitado vivir, ya cualquiera no puede engañarme con tanta facilidad (o al menos lo quiero creer así), les cuento:

La semana pasada estaba en el cine con unos amigos, quienes en su afán de tener público a donde quieran que van, me invitan a todos lados, vale aclarar que son un hombre y una mujer, y pese a que me incomoda la situación de ser un “hombre-lámpara” en medio de unos recién empatados que no pierden ocasión para mostrar su afecto públicamente, lo cierto es que voy por puro voyeourismo: El chamo, a pesar de su “no soltería” es demasiado lindo como para rechazarle alguna invitación, y ambos son amigos, agradables e inteligentes. Pero me salí del tema; como les decía estaba en el cine con ellos, y mientras mi amiga cancelaba las golosinas yo aderezaba mi perro caliente en el espacio destinado para tal fin (Los que hayan ido a Cines unidos sabrán cual) junto con él. Entonces note como una mano peluda (si era peluda) me pasaba diligentemente todas las salsas y finalizo alcanzándome las servilletas. No me hubiese atrevido a volverme de no ser por que mi amigo lo miro de arriba abajo y se quedo viendo su bandeja: Disimuladamente hice lo mismo, y note como ya había aderezado sus perros y estaba en el espacio completamente sólo. Se trataba de un señor que podría ser mi abuelo. Trate de parecer casual, despistado, extrañado y fruncí el entrecejo viendo a mi amigo: Salimos del área rápidamente y el señor fue tras nosotros. Afortunadamente no se pudo hacer cerca, debido a que habían otros amigos adentro que nos apartaron puestos.

Mientras me atragantaba con todo lo que había comprado para evitar hablar, mi amigo me dijo:

—¿Qué tal ese viejo? —Agregar un cantadito gocho a la pregunta— Como raro ¿No?

Trate de parecer casual, despistado, con la boca llena y solo levante los hombros en señal de “ni idea”.

Situaciones así me pasan todo el tiempo, sólo que esta fue muchísimo mas evidente y hasta un hetero se dio cuenta, y yo, no hago más que preguntarme ¿Deberé cambiar mis gustos por hombres “post-adolescentes” a señores “post-adultos contemporáneos”?

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Al fin, racional.


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Un día me agoté. Estaba cansado de “nuestra relación”, que no era nada, de tratar de controlar todos los elementos que nos mantenían unidos, de conspirar en contra de Ana quien ya empezaba a caerme bien, y finalmente sucedieron los hechos que me hicieron volver a la racionalidad.

La cama donde yo dormía por razones que desconozco se había estropeado. Yo me hice el tonto diciendo cosas como “¿Se supone que debemos dormir en la misma cama?” Pero ciertamente me moría por que eso sucediera, el hermano menor de el, que siempre dormía con nosotros en el cuarto se fue a acostar en otro cuarto, y desde ese día siempre que me quedaba en su casa, dormíamos en la misma cama. Creo que tenerlo tan cerca, fue la tortura más grande a la que pude someterme, saberlo ahí, junto a mí, en short, sin franela, desataba las más bajas pasiones y a la vez me martirizaba el hecho de ni siquiera poder abrazarlo. Esto termino de agotarme mentalmente, necesitaba salir de esa situación rápidamente y superar ese sentimiento cuando antes. Y aunque me repetía eso una y otra vez, fue difícil, muy difícil empezar hacerlo, de hecho no empecé a desbaratar todo mi reino de control sobre él hasta una noche en la que pasaron dos cosas.

La primera fue una confesión de él, mientras preparábamos de comer en la cocina de su casa. Estábamos tocando ciertos temas sexuales, cuando de repente el me dice:
—Yo nunca he estado con una mujer.
—O sea que eres cero kilómetros —dije yo con sorna, totalmente incrédulo.
—En serio —remato, desdibujando la pequeña sonrisa que tenía luego de confesión. Estaba totalmente serio.

Yo no podía creer semejante historia. Sobretodo considerando el hecho que su novia estuvo casada y además tuvo un niño. Mientras seguía incrédulo, el se dedico a explicarme las razones, los motivos y yo caí en la actitud que tomamos los amigos, de apoyar las decisiones. Use todas las frases que tenía en el cajón, como: “Me parece muy bien”, “me alegra que tengas esas convicciones”, “No tengo el derecho a juzgarte por algo así” y la peor: “Deberías mantenerte así, si quieres llegar así hasta el matrimonio a mi me parece bien.”

Me contó tantas cosas que durante las horas siguientes antes de dormirme no dejaba de pensar en otra cosa. Muchas ideas pasaban por mi cabeza. El Sandum enamorado, el loco, se sentía feliz por tamaña confesión, pensó equivocadamente que el noviazgo de ambos no era tan fuerte, por el simple hecho de no haber pasado al nivel sexual. El Sandum racional, que poco a poco empezaba a tomar el control comenzó a entender muchas cosas, y comenzó a sentir horror por haber caído en la misma trampa dos veces, por haberse tropezado otra vez con la misma piedra… Pero el loco, seguía tratando de acallar al racional, no quería siquiera pensar en eso, quería seguir viviendo esa farsa.

Esa misma noche, al dormirnos, me despertó un calor extraño sobre mi pierna. Sin moverme mucho, me di cuenta que Enawo había abrazado mis piernas con una de las suyas. El corazón me latía trepidante. ¿Qué debía hacer? ¿Voltearme y hacerle notar que estaba consciente de lo el estaba haciendo? ¿Debía quedarme tranquilo y simplemente suponer que el abrazo se debía a que estaba en un sueño profundo?

A la mañana siguiente, y luego de haber supuesto que Enawo fue victima del sueño profundo, volví a ser yo, semejante situación y la confesión me hizo entender que entre nosotros jamás iba a haber nada mas allá de lo que ya teníamos. En parte por que yo nunca iba a ser capaz de confesarle lo que sentía, por miedo y sólo por eso, y en parte por que, en el remoto caso que Enawo fuese Gay o Bi, que por supuesto ya estaba convencido que no lo era, sus valores altamente evangélicos, su familia perfectamente constituida, sus prejuicios, la comunidad eclesiástica, sus principios “morales” (entrecomillado por que ser Gay no es inmoral), no lo dejarían siquiera considerar la posibilidad de tener algo con alguien de su mismo sexo.

¿Qué si finalmente le gustaba? Por supuesto que si, sólo que Enawo estaba pasando por su fase lógica pre sexual, esa fase en la que todos hemos tenido contacto con personas de ambos sexos, fase que al terminar, desemboca en la que definitivamente será nuestra preferencia sexual. Yo agotado emocionalmente y además incapaz de soportar nuevamente una lotería en la que un muchacho no sabe si es gay o no, decidí acabar con todo.

Para darle fuerza a mi decisión di un primer paso. Deje que Ana entrara a nuestro circulo. Recuerdo la primera vez que por pedido mió le dije a Enawo que incluyéramos a Ana en el grupo:
— ¿Para que? —fue su respuesta.
Estaba tan acostumbrado a dejarla por fuera que ahora era el quien actuaba a la defensiva.
—Vamos a meterla y ya, el trabajo es de tres y a que otra personas podemos incluir, ninguno de mis amigos querrá estar en grupo contigo.

Con Ana compartiendo tan cerca de nosotros, Enawo poco a poco fue recobrando la conciencia también, en varias ocasiones declinaba compromisos conmigo por encontrarse con ella ahora, cosas que naturalmente no me decía, que yo descubría con facilidad, sobre todo por que ya conocía su manía de mentir. Pase de un enamoramiento extremo a un sentimiento racional, en el que pensaba, la relación de ellos era lo mejor y más saludable para él, y aunque fueron muchos días terribles en los que sufría cuando luego de prolongadas ausencias de ellos ella aparecía misteriosamente sin labial, poco a poco lo fui superando. Descubrí en Ana una gran amiga también.

Me obsesione con su relación, al punto que de tanto presionar (de forma muy sútil), ella me confirmo que en efecto eran novios (cosa que Enawo todavía me negaba) y me confesó el por que del secreto:

—Todavía no estoy divorciada, Enawo piensa que es mejor que se resuelva mi situación hasta hacer público el noviazgo.

El simple hecho de mantener en secreto un noviazgo por algo así, y encima de todo por petición de él, me hizo caer en cuenta, que en el absurdo caso que Enawo y yo hubiésemos materializado algo, esos valores absurdos lo harían sentir rechazo tarde o temprano.

El día que hicieron público su noviazgo pude saber con exactitud que es eso de tener dos sentimientos a la vez. Nunca, hasta el sol de hoy, me he sentido tan feliz y tan triste al mismo tiempo. Feliz pues Ana estaba contenta de terminar con todo ese misterio y por Enawo también, que aunque seguía evitando dar muchas manifestaciones de afecto, se le notaba más en confianza con ella. Triste, por que lo que nunca había sido mió ahora se alejaría más que nunca…

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Actualmente aún somos amigos, y hasta lo tengo en el Facebook! =)

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Nuestro extraño noviazgo


lee la primera parte >>>aqui<<<

lee la segunda parte >>>aqui<<<

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Al terminar y empezar el otro semestre Enawo y yo éramos seres inseparables, a diferencia de las vacaciones anteriores hablamos por teléfono muchas veces (de la cuales me sentía feliz pues el fue el que llamo la mayor parte del tiempo), aunque claro no nos veíamos pues yo pasaba las vacaciones en Valencia.

No obstante Ana empezó a emitir señales de alerta, la separación física de Enawo y mía durante ese tiempo pareció unirlos más, por lo que necesitaba reforzar el plan. Estaba claro que el noviazgo existía y que ellos lo mantenían en secreto. Estaba convencido además que Enawo sentía atracción por mí, aunque quizás no se atrevía a confesárselo frente al espejo como hacemos los gays asumidos. En ese escenario, su propio secreto era mi tabla de salvación para mantenerlos separados el mayor tiempo posible. Usaba todas mis artes manipuladoras para convencer, acallar y aplacar cualquier rumor del noviazgo con ella. La gente se convencía conmigo, pues ¿Quien mas que yo para saber, que pasaba todo el día con el! Era increíble que en ese nivel de éxtasis, no me importaban los comentarios cada vez más insistentes de la gente sobre Enawo y yo. Mi estatus académico impedía que la gente se burlara o comentara delante de nosotros. Muchos de los chismosos que seguramente se morían por hacernos pasar vergüenza (injustamente, por que materialmente no teníamos nada) dependían de mí, de mis cuadernos perfectos, de mis preparadurías de Costos, Estadística y Contabilidad, de mis exámenes resueltos. Llegue a un punto en que controlaba todo a mi alrededor, y se sentía muy bien además. Me divertía tanto observar a esos chismosos susurrando cosas cuando nos veían reír en el cafetín, o cuando llegábamos juntos a la universidad, cuando nos veían en la calle. El amor ciego hizo esfumar todos mis miedos de revelarme como un homosexual.

Pero en este semestre Ana pasaba más tiempo con nosotros. Me fastidiaba verla en todas mis clases. Enawo había adquirido la costumbre de rodar su pupitre junto al mío en las clases, costumbre que se hizo molesta cuando Ana también rodaba el suyo, y así nos sentábamos, como una paradoja, con el en el medio, el hombre que nos obligaba a tratarnos y que el fondo nos hacía sentir celos del otro.

No soporte a Ana mucho tiempo, me fastidiaba su manía se querer saber todo de mi, y me irritaba cuando le enviaba mensajes de texto a Enawo cuando todos estábamos juntos. Un comentario de Enawo, me ayudo a intensificar el plan.

—Me gustaría inscribirme a estudiar Derecho en la mañana —fue lo que dijo.

Que además de compartir trabajo y una carrera, compartiéramos otra carrera, me obligaría prácticamente a mudarme a su casa. Volví a caer victima de las bajas pasiones. Lo convencí para inscribirnos y aunque a último momento luego que el formalizo su inscripción yo estuve por no hacerlo, por motivos económicos, un refrán vulgar de una ex cuñada me dio el empujón que necesitaba: “Cualquier culo echa sangre” rezaba el refrán.

De manera que, me inscribí y empezamos a estudiar juntos. Ahora lo veía desde las siete de la mañana, desayunábamos juntos, nos íbamos a su casa, almorzábamos juntos, pasamos la tarde haciendo trabajos, nos íbamos a la universidad y en la noche nos despedíamos. ¿Qué si me fastidie de tanto verlo? Todo lo contario, era feliz, completamente feliz. Ahora antes de los examines era ritual obligado que yo me quedara durmiendo en su casa, y como a veces su papa se instalaba a jugar en la computadora, matábamos el tiempo hablando, cenando por ahí… Era tan feliz, que creo no podría expresarlo en palabras. Sus papás no tenían dudas con respecto a mi, confiaban tan ciegamente en el, que a veces rayaban los limites de la idiotez. Ya había notado yo, que Enawo poseía un gran defecto: Algunas veces decía mentiras pequeñas en forma compulsiva. Mentiras que aunque no hacían daño a nadie, eran mentiras, que su papas se tragaban enteritas y sin vaso con agua de por medio.

Nuestra relación se fortaleció y mi dominio sobre él también (y el suyo sobre mi). Me prestaba dinero que nunca le pagaba. Le pedía favores inverosímiles que implicaban irme a buscar a la casa y esperar afuera que yo me terminara de vestir. Me ayudaba con mis labores personales con respecto a mi casa y a mi papá, estaba totalmente a mi disposición. Ana nunca hacía trabajos con nosotros por pedido específico mío. Cuando me sugería incluirla en algún trabajo sólo le decía: “Ella no, tu sabes que a veces no aporta mucho”. Amén. Recuerdo especialmente una vez que le pedí que me fuera a buscar a un centro de comunicaciones para luego ir a su casa. Estaba en el Messenger esperando la transferencia de una foto cuando el llego, le dije que me esperara afuera (de todos modos no podían estar dos personas en una computadora), y me espero cerca de 30 minutos bajo el sol inclemente de las 11 de la mañana, obvio que me mando mensajes de texto, pero yo solo le respondía, “Ya bajo, espérate”. Yo también hacía cosas por el, lo acompañaba a hacer molestas diligencias bancarias para su papa, me trasnochaba con él mientras preparaba los productos químicos que vendía su papa (algo muy rentable debo añadir). Lo acompañaba a lejanas comunidades donde los únicos habitantes parecían ser los zancudos que me picaban y los desarrapados indígenas que compraban los productos de limpieza y las mercancías de su padre, que el llevaba para vender. Usaba mi red de conocidos para hacerle firmar los estados financieros que su papá necesitaba para sus operaciones comerciales. Le ayudaba a asear su cuarto, también le prestaba dinero. Pero ir al banco no era fastidioso, las picadas de zancudo no se enrojecían ni me dolían, no sentía ninguna pena de molestar a alguien para que me firmara un balance (gratuitamente, he ahí la magnitud de ese favor y de la pena), no me daba sueño, y creo que no sentía mi acostumbrada aversión a acomodar y ordenar…

En este punto algunos se preguntaran ¿Si lo controlaba tanto al punto que hacía cualquier cosa por mi, por que no le confesé mis sentimientos? Más allá de todo lo narrado hasta aquí, Enawo no había dado muestras de querer acercarse (aún) más a mí, hacíamos todo lo que se suponen hacen los novios, menos lo que mas disfrutan claro… Muchas veces estuve a punto de confesárselo, pero el Sandum razonable se apoderaba de mí en ese momento. Me hacía ver como sería mi vida si no tuviese a Enawo y me atormentaba con imágenes de separaciones abruptas e insultos de su parte.

Ana siguió marcando posiciones, se aparecía en nuestros desayunos, algunas veces intentaba pasar la tarde con nosotros, y aunque varias veces no fue a petición mía, bajo el argumento que interrumpiría nuestro trabajo o actividad, a veces era inevitable. Sufría más con las largas conversaciones telefónicas, y decidí marcar territorio también. Una noche mientras estábamos estudiando, sonó el teléfono: “Es esa estúpida”, pensaba. En efecto, pasaron los minutos, y la molestia iba creciendo en mí. Acomode la cama y me hice el dormido. Cuando de verdad me estaba durmiendo escucho: “Sandum, Sandum, Sandum”, recobre el sentido sin abrir los ojos y balbucee: “Estudia tu sólo yo tengo sueño”.

A la mañana siguiente le pedí encarecidamente que no me llevara a su casa para hacerme perder el tiempo mientras el hablaba por teléfono. Amén. Al día siguiente sentí un gozo tremendo cuando escuche que le dijo a Ana: “Hoy no vamos a hablar tanto, Sandum esta aquí y vamos a estudiar”.

Conocer tanto a Enawo, no me quito el enamoramiento que sentía, pero si me hizo tocar tierra y deje de idealizarlo. Descubrí por la convivencia que era desordenado en extremo, pasaba dos o tres horas más de las debidas sin tomar un baño, y lo peor es que era un mentiroso compulsivo, y aunque aún me lanzaba a cualquier barranco por el, la euforia y la adoración inicial comenzaba a pasar y mis sentimientos eran mas sosegados.

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El plan (crónica de un noviazgo implícito y sobreentendido).


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Fue en el siguiente semestre, luego de comprobar que Enawo estaba más lindo que nunca, que confirme mis sospechas. El había llegado con Carla y se fue con ella, luego de haber conversado un rato conmigo al finalizar la clase. Mientras terminaba de hablar conmigo ella aguardaba silenciosa en la puerta, como esperando que se callara para poder marcharse con él. Además ver la lista de los alumnos me hizo comprobar que ella no se llamaba exactamente Carla, sino Ana Carla. Ya no tenía ninguna duda, ella era la novia de Enawo. Entonces surgía otra interrogante… ¿Por qué el me negó el noviazgo? Pese a que me sobre excite pensando que quizás yo le gustaba también y por eso me lo negó, mi usual suspicacia me hizo pensar que se trataba de algo más. De una manera sutil, que recuerdo muy poco, aborde a Ana y le pregunte si Enawo y ella tenían algo. Me lo negó como es natural, aunque la forma en que lo hizo no me dejo ninguna duda.

Trate de imaginarme que instaba a dos personas que se gustan mantener un noviazgo en secreto, estaba embelesado en descubrir ese desvelar ese misterio, pero luego pensé que esa situación encajaba perfectamente en mi plan, así que con ligeras modificaciones lo puse en marcha.

Primero le explique a Enawo que estaba en la búsqueda de un socio para ayudarme a llevar las contabilidades de pequeños negocios que tenía con mi papa. Argüí que mi papa abandonaría esas empresas, lo cual no era enteramente cierto y necesitaría una ayuda extra. ¿La verdad? Mi papa se había desligado un poco de ese trabajo, de hecho el sólo visitaba los clientes debes en cuando, y yo me encargaba de todo el trabajo. En una ocasión me manifestó que me dejaría todas esas empresas a mí, y yo pensé que era el momento de hacerle cumplir su promesa.

—Fino chamo, cuando empezamos —fue la lógica respuesta de Enawo.

—Yo te aviso, tentativamente el mes que viene, después de la quincena.

Necesitaba precipitar todo. Me dedique a visitar a todos los clientes para hacerles notar mi existencia y evidenciar que yo era el que estaba haciendo el trabajo y no mi papa. Los clientes ante una racha de desplantes de mi progenitor me fueron entregando sus empresas paulatinamente y en menos de un mes mi papá estaba fuera de la jugada. Reconozco que fue una bajeza vil, pero ya no era el mismo Sandum, estaba totalmente fuera de mí.

—Yo no tengo la culpa —le replique cuando me pregunto por uno de ellos—, yo los he estado visitando por los papeles, por que tu nunca lo haces y ellos son los que quieren que yo sea el responsable de ahora en adelante.

No tengo ni idea si mi papá me creyó o no. Lo cierto es que, todas las contabilidades ya estaban bajo mi control en menos de un mes. Sólo me pidió que continuara pagando el alquiler de la oficina (cosa que no iba a hacer) y me quedara con todo el dinero. Luego de eso hable con Enawo para concretar la parte monetaria de la sociedad y empezamos a trabajar. Ahora yo pasaba mucho tiempo más en su casa. Salíamos en su carro a hacer las diligencias juntos, almorzábamos juntos, llegábamos a la universidad juntos y pude estar mas tiempo con él. Algunas veces contestaba llamadas en forma misteriosa y se perdía considerable tiempo a hablar por teléfono.

Mis amigos (Un grupo mixto de hombres y mujeres heterosexuales) estaban en shock, cansados de que les declinara las invitaciones algunos me retiraron el habla. Sufrí mucho por eso, pero cuando estaba con Enawo, poco me importaba, abandone mi vida social por su causa, y a muchas de mis amistades también. Nuestra relación crecía cada día y los comentarios de la gente también. Se que incluso mi papá una vez vocifero en casa, que él y yo parecíamos novios. La gente de la universidad no cesaba de preguntarnos por que pasamos todos los días juntos.

—Nada —siempre contestaba el.

Hasta ese momento aún no entendía por que lo negaba. No confirme si alguna vez le llegaron esos rumores universitarios de que teníamos algo, pero era imposible que no lo supiera, al respecto tengo 2 teorías: 1) Enawo estaba tan seguro de si mismo que estaba por encima de cualquier comentario mal sano. 2) Enawo sentía una ligera atracción por mi, y a sabiendas de la existencia del rumor prefería no comentar nada, so pena que yo me alejara de el. Pareciera que, que la razón 2 es muy remota, pero ¿Qué impulsa a un hombre a pasar mas tiempo con otro hombre que con su propia novia? ¿Podríamos decir que no hay atracción en ese caso? No lo creo… Sobretodo considerando que el trabajo que hacíamos juntos se resolvía en poco tiempo y la actividad debía cubrirse en una quincena, por lo que los otros quince días restantes no había mucho trabajo (ni razón para estar tantos tiempos juntos).

Tan fuera de mí estaba, que no percibí la magnitud del problema que estaba causando en el círculo de mis amigos cercanos. Yo era una pieza fundamental en ese núcleo, la más importante diría yo, pese a que suena alabancioso. Luego de mi abandono el grupo se fragmento en dos, los que me hablaban y los que no me hablaban, era obvio que ambos grupos tampoco se hablaban entre ellos. No entendía tanto drama hasta que uno de los que me hablaba me dijo:

—Marea dejo de hablarme a mí también.

— ¿Ah si? —replique yo, desesperado esperando a Enawo en el cafetín y un poco fastidiado por que si llegaba en ese momento ya no estaría a solas con el.

—Me dijo que te había retirado el habla, por que tu vivías pendiente de ayudar a Enawo, hacerle favores a el y le habías hecho desplantes en varias ocasiones, y como yo me la paso defendiéndote, me dejo de hablar a mi también.

No necesito que nadie me diga que retirarle el habla a alguien por algo así es una soberana estupidez. Es más, el simple hecho de retirar el habla a seres queridos me parece una ridiculez. Por esos minutos volví a ser el Sandum de siempre, a mi mente llegaron recuerdos vagos de varias cancelaciones que le había hecho a Marea para estudiar, aunque nunca fueron a última hora. Trate de entenderla un poco, y era lógico que reaccionara mal ante mi intempestivo abandono. Lo que si no era lógico era que tratara de envenenar al resto del grupo en mi contra. Pero ella era así, por las buenas, buena, y por las malas no tanto. Entonces caímos en una lucha de poder, en la que al final casi todos me hablaban, con excepción de ella, y otra amiga, que solo lo hacía con manifiesta hipocresía. Luego me enteraría por que:

—A Marni le gusta Enawo —me comento una de las que me hablaban, sobre la amiga hipócrita.

Sentí unos celos terribles, que me hicieron decir cosas terribles. Estaba furioso por que además de tener que lidiar con los mensajes de “Hola cielo” y extensas llamadas telefónicas tenia que alejar a la creciente nube de admiradoras de Enawo. Le dije a mi amiga chismosa que yo le preguntaría a Enawo si el le correspondía a Marni. Por supuesto que no lo hice, al contrario, se lo comente a Ana (quien inmediatamente le retiro el habla a Marni), y le dije a mi amiga chismosa que Enawo manifestó que Marni “ni en sueños era su tipo” y remate con mi apreciación personal:

—Tu sabes que el es como más sifrino de lo normal… Y Marni ¡O sea! Es medio india a veces…

Me había convertido en un antagonista de telenovela. Claro que en ese momento no lo veía así. La locura cerebral que tenía, aunado a la capacidad que tengo de convencer a las personas (la cual me sale natural, pues nunca he podido usarla de manera racional) me hizo decir y hacer cosas impensables, no vale la pena detallar otras tantas similares a estas, solo me queda narrar la peor…

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Recuerden que es una vieja historia...