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Cambio de fichas

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Nuestra mente. Ese grupo de de células complejas a veces nos juega malas pasadas, y nosotros sin darnos cuenta. Resulta que yo lo vi, y pensé que me (le) gustaba. Y aunque no había esa química que anteriormente se me antojaba necesaria para iniciar cualquier tipo de relación, pensé (me engañe) que el asunto podía resultar.

Empecé rebullendo pensamientos absurdos, como que algunas veces la relaciones pueden iniciarse en forma “madura”, es decir, porque los involucrados lo deciden así, y una vez pasado ese periodo incomodo inicial, tal vez la tan anhelada química puede surgir. Cualquier contacto me daba ánimo; no lo llamaría esperanza, pero si una especie de energía para continuar adelante.

“¿Por qué tenía yo siempre que asumir una actitud pasiva?”, pensaba. “¿Por qué tenía que ser yo quien aguardase a que viniera alguien a tratar de tener algo conmigo?”, me preguntaba. ¿No podía acaso asumir sólo por esta vez ese papel? No estaba acostumbrado, pero había visto a muchos interpretando ese papel para mí.

Esos pensamientos ajenos a mi personalidad habitual me dieron más fuerza. La mala pasada tomo forma, y de repente era como una ráfaga de emociones nuevas, donde creía (sentía) tener el control. Poco recordaba ya, que la otra parte es la que tiene siempre la última palabra.

Un gesto dramático, sin mala intención de su parte (lo quiero creer así), me hizo entrar en razón. Dije la verdad, aclare el asunto, y salí como un amigo. No me dolió ya que en el fondo, y dentro de toda esa zozobra que abrigaba, esa era la respuesta que esperaba. Podía de nuevo ser yo.

Esa misma tarde me comí una torta de chocolate y me sentí muchísimo mejor.

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Decir, perder, ganar

DSC02596 Hace algunas semanas leí una información muy reveladora en un blog, que si bien para algunos resulte ser algo muy obvio, para mí no lo era tanto. Que puedo decir, no soy tan pilas. Se trata sobre el hecho de decirle a alguien que te gusta. El texto en cuestión es este >>click<<. Como la cosa esta redactada de una forma que los asiduos a mi espacio (cada vez menos supongo) no están acostumbrados, me permito parafrasear y hacer algunas anotaciones:

La gente suele sobredimensionar las cosas.

Esta es la idea fundamental del texto. Resulta ser señores que decirle a alguien que te gusta, no es, o al menos no debería ser un gran problema. De donde yo vengo siempre lo fue, ya que es de sobra conocida mis historias con los heteroflexibles, sin embargo, Lluvia afirma lo contrario y que de hecho, percibir eso como un problema demuestra una gran falta de autoestima y amor propio. Esta idea me ha hecho cuestionarme que tanto me valoro yo en ese sentido. Es como si te recomendara aferrarte a la imagen de “Hay muchos peces en el mar”.

La esperanza es adictiva.

Desde luego esta es una de esas concepciones tan obvias, que luego de verlas escritas no se te ocurre una razón de por qué no lo habías reflexionado antes. Es evidente que retrasar el momento de decirle a una persona que te gusta se relaciona con la esperanza. En tanto uno no sea rechazado directamente, esta la esperanza ahí diciéndote “Tal vez mas adelante, cuando me conozca mejor la posibilidad del rechazo será menor”. Esto constituye otro error, por cuanto esa pequeña esperanza va alimentando la burbuja de la ilusión, y ambas combinadas sólo dan como resultado una decepción más dolorosa.

Si de vulnerable hablamos.

Desde luego que decirle a alguien considerando lo anterior da miedo. Miedo de que tal vez estés sobredimensionando las cosas y viendo pajaritos preñados donde no los hay, miedo a perder esa esperanza adictiva, miedo porque sencillamente cuando le dices a alguien que te gusta es como despojarte de todo lo que antes era una protección. Es como estar llorando en el baño y que alguien abra la puerta de repente, y te vea solo, expuesto y sentado estúpidamente en una poceta. Lluvia nos dice que eso es de personas débiles, que no se valoran lo suficiente y considera absurda la idea de que alguien tenga tiempo de jugar con esa supuesta vulnerabilidad.

Al respecto difiero un poco con ella. Yo fui víctima de aprovechadores, por las razones que sean, y aunque mi caso fue en cierta forma una experiencia que resultó aleccionadora y exitosa, he sabido de muchos otras coyunturas que no terminan así. Supongo que al respecto se puede tomar un punto intermedio: Puede que estés expuesto, pero las consecuencias pueden ser positivas, y de no ser así, conviene alejarse y ponerle fin al asunto, pero luego de la confesión tendrás las cartas en la mesa para decidir, antes no.

Agarrar el NO por los cuernos.

Excusas para no decirle a alguien que te gusta hay miles, como sabiamente nos dice Lluvia, sin embargo también sugiere que es mejor agarrar ese NO, con todo y su decepción que haga lo que tenga que hacer y luego dejarlo ir que vivir en una tonta ilusión. Parafraseando a otro amigo: Es mejor ser sincero, y si dices o te dicen no, inmediatamente empieza el proceso de recuperación.

¡Hasta la próxima!

P.S.: No me estoy quedando sin ideas, sólo que en las últimas semanas este fue un tema que me impacto mucho n_n