De cómo se pueden ver las cosas con dos puntos de vista, II
Los inicios, la confusión y el descubrimiento (segundo punto de vista).
No es tan escandalosa como la anterior, pero por si acaso y para mantener el estilo dejo advertencia otra vez.
Existen hechos que me hacen pensar que desde que nací era medio raro, para hablar en términos despectivos venezolanos. Hasta donde llega mi memoria, y continua la de mi mamá, nunca manifesté un comportamiento 100% heterosexual, esto es, por ejemplo, nunca me gusto practicar ningún tipo de actividad masculina como jugar fútbol (De hecho el único deporte que llegue a practicar fue el volleyball). Yo, siendo el quinto hijo varón de mi mama, estaba sentenciado a ser observado por ella con ojo crítico.
Desde primer grado me llevaba maravillosamente con las niñas, uno que otro niño era mi amigo. Recuerdo además, que cuando estaba en tercero, tenía dos mejores amigos, uno se llamaba Juan Fernando (nombre real) y el otro se llamaba… No lo recuerdo, pero lo diremos Josué. Lo poco que recuerdo de Juan Fernando se resume a dos cosas: Se convertiría en un niño extremadamente lindo y exquisito. Tenía el cabello castaño claro, ojos verdes inolvidables (de moco, diría mi hermanito menor), piel de porcelana y rasgos inequívocamente delicados. Mi otro amigo por el contrario poseía rasgos toscos, cabello negro azabache, y según recuerdo caminaba desgarbado y sin vida. Entre los tres formábamos un tipo de amistad que luego viviría nuevamente, de forma mas madura en 8vo grado. Para entendernos mejor, era como el grupo de Regina en Mean Girls, solo que nuestra popularidad no sobrepasaba el salón (pues lo niños de primaria son equis en los colegios), había alguien que mandaba, dos que seguían, y el que daba las ordenes era yo… Claro que Juan Fernando tenía su desquite con Josué, cuya único propósito en la vida parecía ser hacer las cosas que cualquier persona le mandaba sin chistar. Todo lo que recuerdo de Juan Fernando y de Josué, me hace llegar a una temeraria (si se quiere) conclusión: Ambos eran irremediablemente gays al igual que yo… Por eso éramos amigos. Nosotros no encuadrábamos en esos grupos de niños fanáticos de las pelotas… Nosotros no andábamos maquinando planes para molestar a las niñas (que como todos sabemos los niños lo hacen para llamar la atención cuando una de ellas les gusta), no nos gustaba eso de ensuciarnos mucho el uniforme… no, no. Lo que si nos daba nota era andar con las chicas, chismosear acerca del resto de los niños del salón, inventar enfermedades extrañas para salvarnos de la clase de educación física (sin éxito, a los niños de esa edad nadie les cree) y sobretodo ver a las niñas jugando un juego cuyo nombre desconozco, pero que se hace con una bandita elástica entre las piernas.
Uno de los momentos mas vergonzosos de mi recién comenzada vida, se dio cuando Juan Fernando me comento, no se que cosa acerca de Josué… Recuerdo que me moleste mucho y lo llame para conversar en la parte trasera del salón, que daba justo a la zona donde los niños deben esperar a sus padres al término del día de clases. Según lo veo, le dije de todo, mientras el pobre Josué se limitaba a musitar y bajar la cabeza, pero entonces me percate que algo sucedía, me volví y resulto que mientras yo hacía las veces de papa regañón, los chicos grandes del colegio me observaban en silencio, para luego una vez que me di cuenta de su presencia, reírse estrepitosamente.
Así éramos nosotros tres, Juan Fernando al parecer le divertía formar parte de un grupo, pues sus formas delicadas no eran del agrado de todos los del salón. Josué era un pusilánime que se dedicaba a recibir ordenes, y yo era el Rey el que mandaba ¿Alguien dijo activo, pasivo y versátil?
El tiempo pasó, fui trasladado de colegio, vivimos con mi tía y luego en casa propia nuevamente… Pasaron años y algunas cosas, pero luego vino un cambio: 7mo grado. Por aquellos días yo no me atrevía a decirme a mi mismo que era gay. Antes de empezar el liceo, estaba terriblemente preocupado, pues la parte activa de mi personalidad le había dado paso a una peor: La parte débil de carácter que se deja vilipendiar por cualquiera. Desconocía el liceo y sus personas, por lo que no estaba seguro si podría (como siempre desde 4to grado) conseguir a alguien que hiciera las veces de mi guardaespaldas… Pero lo encontré: Sería inscrito en el mismo colegio donde mi hermano mayor estaba. Me alegre un poco, aunque aún conservaba malos recuerdos de estudiar con él, como el día que dijo:
—Mamá en colegio Sandum esta jugando de nuevo con la niñas.
O cuando le contó:
—Mamá en el colegio Sandum anda diciendo que le duele la barriga para no hacer deporte.
O peor:
—Mamá Sandum gasta el dinero de la merienda en chucherías.
Sin embargo estudiar con mi hermano en el mismo colegio significaba que nadie sería capaz de tocarme un cabello. Ya no me gustaba jugar con las niñas, ni nada de eso, había aprendido por ensayo y error que algunas cosas debían ser disimuladas. Aunque no entendía bien por que.
Unos días antes de empezar el liceo, estando en casa de una tía, recuerdo que alguna de ellas comento:
— ¡Ay Dios! estos muchachitos ya van a empezar el Liceo —refiriéndose a mi y una prima contemporánea conmigo—, Sandum seguro empezara a tener gusto por las mujeres y tendrá noviecitas y todo eso…
Esas líneas se quedaron grabadas en mi mente… En mi inocencia pensaba: “Así que va a haber un día en el que empezare a tener gusto por las mujeres, o sea, que lo que me pasa es una fase”… Y así me quede mucho tiempo, esperando ese maravilloso amanecer en que dejaría de pensar que el agresivo Jean Pierre (se llamaba así) que estudiaba en el liceo seguramente llamaba la atención de las niñas, o que el mejor amigo de mi hermano indudablemente tenía una novia en cada esquina, o que el Xavier que estudiaba conmigo era demasiado tierno… Por que así me engañaba, no me atrevía a decirme “Jean Pierre es sexy”, no, me decía “Jean Pierre debe gustarle a muchas niñas”… Mientras esperaba ese glorioso despertar hetero empecé a cuajar en el bachillerato a mi manera. Todo el colegio me conocía pues mi consanguíneo, era, con muchos puntos de diferencia, el más popular del colegio… Todos los alumnos tenían que ver con él, y entonces por descontado, todo el mundo tenía que ver conmigo… Aunque sea para preguntarme por él.
Un día mi mama se quejo. Recibió una notificación del colegio en el cual explicaba que la matricula aumentaría, pero en compensación todos pasaríamos a recibir educación física en club exclusivo cercano al colegio, donde además de la clase regular de deporte, haríamos algunas actividades recreativas y practicaríamos natación. La noticia no me alegro en absoluto, sobre todo por no tener ni la más remota idea acerca del despliegue de esas “actividades recreativas” (sospechaba que seguro emplearían balones y juegos rudos) y me aterraba el hecho de ser visto en traje de baño (el cual sería de uso obligatorio) por la gente del colegio… El día llego… Yo quien ya llevaba mi traje de baño encima, solo me quite el uniforme de la escuela, lo mas alejado posible de los chicos y cuando volví la mirada hacia arriba… Trague en seco… A unos metros de mi, estaban, completamente desnudos, la mayoría de los chicos a los que yo calificaba como “del gusto para muchas niñas”… Especialmente Jean Pierre cuyo sexo al aire, quitaba el hipo, y me hizo sentir avergonzado (en esa época tenía 11 años y apenas había empezado a desarrollarme). Ni que decir del hecho de que algunos empezaron a compararse con otros… Aún no me canso de gracias a Dios por no sufrir de la tensión o del corazón.
Ya en la casa me sentía demasiado confundido… Estaba claro en que ese día maravilloso en el cual despertaría y empezaría a pensar en mujeres nunca llegaría. Llore mientras tomaba una ducha, así como las protagonistas de las novelas cuando son violadas, y luego frente al espejo me dije: “Me gustan los hombres”. Ese ejercicio me ayudo a quitarme un peso de encima, pero haberlo admitido, no significaba ni por asomo, que me aceptaba de esa manera, para eso todavía faltaba mucho…
------------------------------------------------------------------------------------------------
Así que lectores, ahí les deje dos puntos de vista, sobre un tema… ¿El gay nace o se hace?
No es tan escandalosa como la anterior, pero por si acaso y para mantener el estilo dejo advertencia otra vez.
Existen hechos que me hacen pensar que desde que nací era medio raro, para hablar en términos despectivos venezolanos. Hasta donde llega mi memoria, y continua la de mi mamá, nunca manifesté un comportamiento 100% heterosexual, esto es, por ejemplo, nunca me gusto practicar ningún tipo de actividad masculina como jugar fútbol (De hecho el único deporte que llegue a practicar fue el volleyball). Yo, siendo el quinto hijo varón de mi mama, estaba sentenciado a ser observado por ella con ojo crítico.
Desde primer grado me llevaba maravillosamente con las niñas, uno que otro niño era mi amigo. Recuerdo además, que cuando estaba en tercero, tenía dos mejores amigos, uno se llamaba Juan Fernando (nombre real) y el otro se llamaba… No lo recuerdo, pero lo diremos Josué. Lo poco que recuerdo de Juan Fernando se resume a dos cosas: Se convertiría en un niño extremadamente lindo y exquisito. Tenía el cabello castaño claro, ojos verdes inolvidables (de moco, diría mi hermanito menor), piel de porcelana y rasgos inequívocamente delicados. Mi otro amigo por el contrario poseía rasgos toscos, cabello negro azabache, y según recuerdo caminaba desgarbado y sin vida. Entre los tres formábamos un tipo de amistad que luego viviría nuevamente, de forma mas madura en 8vo grado. Para entendernos mejor, era como el grupo de Regina en Mean Girls, solo que nuestra popularidad no sobrepasaba el salón (pues lo niños de primaria son equis en los colegios), había alguien que mandaba, dos que seguían, y el que daba las ordenes era yo… Claro que Juan Fernando tenía su desquite con Josué, cuya único propósito en la vida parecía ser hacer las cosas que cualquier persona le mandaba sin chistar. Todo lo que recuerdo de Juan Fernando y de Josué, me hace llegar a una temeraria (si se quiere) conclusión: Ambos eran irremediablemente gays al igual que yo… Por eso éramos amigos. Nosotros no encuadrábamos en esos grupos de niños fanáticos de las pelotas… Nosotros no andábamos maquinando planes para molestar a las niñas (que como todos sabemos los niños lo hacen para llamar la atención cuando una de ellas les gusta), no nos gustaba eso de ensuciarnos mucho el uniforme… no, no. Lo que si nos daba nota era andar con las chicas, chismosear acerca del resto de los niños del salón, inventar enfermedades extrañas para salvarnos de la clase de educación física (sin éxito, a los niños de esa edad nadie les cree) y sobretodo ver a las niñas jugando un juego cuyo nombre desconozco, pero que se hace con una bandita elástica entre las piernas.
Uno de los momentos mas vergonzosos de mi recién comenzada vida, se dio cuando Juan Fernando me comento, no se que cosa acerca de Josué… Recuerdo que me moleste mucho y lo llame para conversar en la parte trasera del salón, que daba justo a la zona donde los niños deben esperar a sus padres al término del día de clases. Según lo veo, le dije de todo, mientras el pobre Josué se limitaba a musitar y bajar la cabeza, pero entonces me percate que algo sucedía, me volví y resulto que mientras yo hacía las veces de papa regañón, los chicos grandes del colegio me observaban en silencio, para luego una vez que me di cuenta de su presencia, reírse estrepitosamente.
Así éramos nosotros tres, Juan Fernando al parecer le divertía formar parte de un grupo, pues sus formas delicadas no eran del agrado de todos los del salón. Josué era un pusilánime que se dedicaba a recibir ordenes, y yo era el Rey el que mandaba ¿Alguien dijo activo, pasivo y versátil?
El tiempo pasó, fui trasladado de colegio, vivimos con mi tía y luego en casa propia nuevamente… Pasaron años y algunas cosas, pero luego vino un cambio: 7mo grado. Por aquellos días yo no me atrevía a decirme a mi mismo que era gay. Antes de empezar el liceo, estaba terriblemente preocupado, pues la parte activa de mi personalidad le había dado paso a una peor: La parte débil de carácter que se deja vilipendiar por cualquiera. Desconocía el liceo y sus personas, por lo que no estaba seguro si podría (como siempre desde 4to grado) conseguir a alguien que hiciera las veces de mi guardaespaldas… Pero lo encontré: Sería inscrito en el mismo colegio donde mi hermano mayor estaba. Me alegre un poco, aunque aún conservaba malos recuerdos de estudiar con él, como el día que dijo:
—Mamá en colegio Sandum esta jugando de nuevo con la niñas.
O cuando le contó:
—Mamá en el colegio Sandum anda diciendo que le duele la barriga para no hacer deporte.
O peor:
—Mamá Sandum gasta el dinero de la merienda en chucherías.
Sin embargo estudiar con mi hermano en el mismo colegio significaba que nadie sería capaz de tocarme un cabello. Ya no me gustaba jugar con las niñas, ni nada de eso, había aprendido por ensayo y error que algunas cosas debían ser disimuladas. Aunque no entendía bien por que.
Unos días antes de empezar el liceo, estando en casa de una tía, recuerdo que alguna de ellas comento:
— ¡Ay Dios! estos muchachitos ya van a empezar el Liceo —refiriéndose a mi y una prima contemporánea conmigo—, Sandum seguro empezara a tener gusto por las mujeres y tendrá noviecitas y todo eso…
Esas líneas se quedaron grabadas en mi mente… En mi inocencia pensaba: “Así que va a haber un día en el que empezare a tener gusto por las mujeres, o sea, que lo que me pasa es una fase”… Y así me quede mucho tiempo, esperando ese maravilloso amanecer en que dejaría de pensar que el agresivo Jean Pierre (se llamaba así) que estudiaba en el liceo seguramente llamaba la atención de las niñas, o que el mejor amigo de mi hermano indudablemente tenía una novia en cada esquina, o que el Xavier que estudiaba conmigo era demasiado tierno… Por que así me engañaba, no me atrevía a decirme “Jean Pierre es sexy”, no, me decía “Jean Pierre debe gustarle a muchas niñas”… Mientras esperaba ese glorioso despertar hetero empecé a cuajar en el bachillerato a mi manera. Todo el colegio me conocía pues mi consanguíneo, era, con muchos puntos de diferencia, el más popular del colegio… Todos los alumnos tenían que ver con él, y entonces por descontado, todo el mundo tenía que ver conmigo… Aunque sea para preguntarme por él.
Un día mi mama se quejo. Recibió una notificación del colegio en el cual explicaba que la matricula aumentaría, pero en compensación todos pasaríamos a recibir educación física en club exclusivo cercano al colegio, donde además de la clase regular de deporte, haríamos algunas actividades recreativas y practicaríamos natación. La noticia no me alegro en absoluto, sobre todo por no tener ni la más remota idea acerca del despliegue de esas “actividades recreativas” (sospechaba que seguro emplearían balones y juegos rudos) y me aterraba el hecho de ser visto en traje de baño (el cual sería de uso obligatorio) por la gente del colegio… El día llego… Yo quien ya llevaba mi traje de baño encima, solo me quite el uniforme de la escuela, lo mas alejado posible de los chicos y cuando volví la mirada hacia arriba… Trague en seco… A unos metros de mi, estaban, completamente desnudos, la mayoría de los chicos a los que yo calificaba como “del gusto para muchas niñas”… Especialmente Jean Pierre cuyo sexo al aire, quitaba el hipo, y me hizo sentir avergonzado (en esa época tenía 11 años y apenas había empezado a desarrollarme). Ni que decir del hecho de que algunos empezaron a compararse con otros… Aún no me canso de gracias a Dios por no sufrir de la tensión o del corazón.
Ya en la casa me sentía demasiado confundido… Estaba claro en que ese día maravilloso en el cual despertaría y empezaría a pensar en mujeres nunca llegaría. Llore mientras tomaba una ducha, así como las protagonistas de las novelas cuando son violadas, y luego frente al espejo me dije: “Me gustan los hombres”. Ese ejercicio me ayudo a quitarme un peso de encima, pero haberlo admitido, no significaba ni por asomo, que me aceptaba de esa manera, para eso todavía faltaba mucho…
------------------------------------------------------------------------------------------------
Así que lectores, ahí les deje dos puntos de vista, sobre un tema… ¿El gay nace o se hace?

